El futuro incierto del peronismo y su posible alianza con la izquierda

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El peronismo ante un dilema serio

Axel Kicillof ha declarado que realizó la mejor elección intermedia desde 2005, aunque muchos analistas consideran que esto es una justificación más en un contexto donde el peronismo se encuentra en caída libre. Desde 2011, este partido ha estado experimentando una disminución alarmante en su apoyo electoral. En 2013, unificados, el kirchnerismo, massismo y otras variantes lograron cerca del 56% de los votos, lo que les permitió ganar en casi todos los distritos del país.

La situación fue diferente en 2017, cuando su representación todavía alcanzó más del 41%, aunque comenzaron a perder en varias regiones. Para 2021, su porcentaje se redujo a alrededor del 33%, lo cual limitó su presencia principalmente al conurbano bonaerense y a algunas provincias en el norte. Recientemente, los esfuerzos conjuntos del peronismo solo les permitieron alcanzar un 31% de los votos, y no lograron vencer en todos los territorios que gobiernan, los cuales son cada vez menos.

Causas del declive y la reacción de Cristina Kirchner

La vicepresidenta Cristina Kirchner ha atribuido esta situación al desdoblamiento de los comicios en la provincia de Buenos Aires por parte de Kicillof. Sin embargo, muchos cuestionan si esto es suficiente para desviar la atención de la verdadera crisis que enfrenta el partido. La falta de un liderazgo unificado y la lucha interna entre diferentes facciones son síntomas evidentes de un problema más profundo que afecta la estructura peronista.

  • Las dinámicas de polarización han consumido a las facciones disidentes.
  • Se percibe una alineación a un proyecto que lleva tiempo en decadencia.

Algunos líderes han optado por buscar el fracaso del gobierno de Javier Milei como una estrategia de autolegitimación, promoviendo una narrativa destructiva en la que el foco está en demostrar que “los demás son peores”. Este enfoque ha resultado en la promoción de políticas que pueden llevar a una nueva crisis económica, buscando soluciones de corte kirchnerista, que son cada vez más difíciles de justificar y que alejan a votantes potenciales.

Estrategias y el papel de los sindicatos y gobernadores

En este panorama, Kicillof invita a los sindicatos y gobernadores a participar en un levantamiento simbólico en la calle, una propuesta que no carece de críticas. Los sindicatos podrían verse tentados a aceptar esta invitación para hacer frente a las reformas laborales, pero la mayoría de los dirigentes recuerda las lecciones del pasado, que enseñan que confrontar a un gobierno en proceso de consolidación no suele ser productivo.

Por otro lado, los gobernadores se enfrentan a un dilema similar. Reconocen que el kirchnerismo no tiene muchas probabilidades de recuperar la mayoría y saben que para seguir ganando en sus distritos en 2027, deben considerar dos caminos: mantener su alianza con el Presidente o iniciar un nuevo proyecto político que pueda captar a ese 60% de la población que no se siente representada por su partido ni por la Libertad Avanza.

Esta segunda opción requiere, ineludiblemente, lo opuesto a la mala práctica del kirchnerismo: deben buscar el éxito y la estabilización, no promover el fracaso.

Un futuro incierto para el kirchnerismo

La interna entre Kicillof y Kirchner parece irrelevante para este proceso, ya que el resultado de esta lucha no proporcionará respuestas efectivas. En lugar de eso, el camino hacia la calle podría significar una reafirmación de los errores que han llevado al peronismo a esta encrucijada, al tiempo que se aferran a grupos militantes y a la izquierda más radical.

El desafío es reconectar con el sentido común de la población y evitar caer en una espiral negativa que alejé aún más a los votantes.

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