La cama de Frida Kahlo: un legado en forma de arte
Una fiesta marcada por el sufrimiento
En 1953, Frida Kahlo arribó en camilla a su primera exposición individual en la Galería Arte Contemporáneo de México. Su cama ya estaba dispuesta en el lugar, y ella, postrada, pasó toda la celebración entre brindis y aplausos. Aquel día, a menos de un año de su fallecimiento, convirtió la fragilidad en un tipo de ceremonia, ese estilo único que había desarrollado al transformar el dolor y la resiliencia en una forma de arte mágica.
Un récord en Sotheby’s
Recientemente, una magnífica obra de Kahlo titulada El sueño (la cama) alcanzó un impresionante precio de 54.660.000 dólares en Sotheby’s de Nueva York, logrando ser subastada en menos de 5 minutos.
Esta pintura se ha convertido en la más cara jamás vendida por una mujer, superando a Georgia O’Keeffe, y también es el cuadro de Frida que ha logrado el más alto precio en una subasta. Anteriormente, el máximo había sido de 34,9 millones de dólares por Diego y yo, una obra en la que retrató a su esposo, el muralista Diego Rivera, como un tercer ojo.
La pieza récord presenta a Frida Kahlo dormida en una cama de madera, cubierta con una manta dorada de la que se enreda una enredadera. Levita sobre ella un esqueleto envuelto en cartuchos de dinamita con un ramo de flores en las manos. Frida tenía esqueletos de papel maché en su habitación; su relación con Rivera era compleja y tóxica, y él decía que esos esqueletos representaban a otros de sus amantes.
Un autorretrato lleno de significado
Según la casa de subastas, El sueño (la cama), creada en 1940, es un «autorretrato surrealista y profundamente introspectivo que combina simbolismo personal, iconografía mexicana y surrealismo». Para mí, esta obra es delicada como un sueño y festiva como el Día de los Muertos.
La época en que Frida pintó esta pieza estuvo marcada por el asesinato del revolucionario ruso León Trotsky, amante que ella refugió en su hogar, su separación de Rivera y su decisión de reconciliarse con él. A partir de ese momento, su trabajo se tornó más frontal y agudo.
El arte como forma de vida
A simple vista, la pintura de Frida parece un estallido de colores: rojos que desafían, verdes que insisten y azules que se aferran, sumados a destellos de oro y elementos selváticos. Sin embargo, detrás de esos resplandores se oculta una mujer herida, pero a la vezfuerte.
Nacida en 1907 en Coyoacán, Frida a menudo prefería decir que nació en 1910, para coincidir con el inicio de la Revolución Mexicana. Desde los seis años padeció poliomielitis y, en 1925, un accidente de autobús le causó lesiones severas que la dejaron postrada. Durante su convalecencia, aprendió a pintar como una forma de vivir. Cada autorretrato se convirtió en una afirmación: «pese a todo, estoy aquí».
En 1932, tres años después de haber contraído matrimonio con Rivera por primera vez, sufrió una pérdida que impactó profundamente su obra, otorgándole símbolos universales al dolor íntimo.
Resiliencia y lucidez
Lo verdaderamente inquietante de Kahlo no son solo sus tragedias, sino los momentos de lucidez que transmuta en arte. En una época donde se exigía discreción a las mujeres, ella ubicó sus cicatrices en el centro de sus lienzos, sosteniendo que la identidad es un estado perpetuo de negociación y no una máscara fija.
Uno de los legados más significativos de Frida fue cabezar que el dolor puede ser parte de la vida misma: «Amurallar el propio sufrimiento es arriesgarse a que te devore desde el interior».
Asimismo, Frida Kahlo enfatizó que la pintura llenó su existencia. Se preguntó en varias ocasiones qué habría hecho sin lo absurdo y lo efímero, y manifestó que pintaba flores para que no murieran, flores que flotan sobre sus sueños en manos de un esqueleto.
