Hígado graso: la dieta ideal y los endulzantes a evitar

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Dieta mediterránea como solución

La dieta mediterránea se destaca como el régimen más efectivo para abordar el hígado graso. Este enfoque alimentario incluye una variedad de antioxidantes, fibra que proviene del consumo de frutas, verduras, legumbres y semillas, así como cereales integrales y omega 3, y se caracteriza por ser baja en azúcares. Es crucial evitar tanto el alcohol como las bebidas azucaradas.

No se trata de eliminar las grasas de la dieta, sino de regular la cantidad de energía y el origen de los alimentos que se consumen. Un consejo importante es incorporar aceite de oliva a la rutina diaria, preferiblemente en crudo, como en ensaladas, para preservar sus propiedades. No es necesario utilizarlo exclusivamente en la cocina, se pueden combinar otros aceites al cocinar.

Aumentar el consumo de pescado y vegetales

Es recomendable incrementar la ingesta de pescado; por ejemplo, si actualmente se consume cada quince días, es ideal comenzar a incluirlo semanalmente, y si se consume una vez a la semana, aumentar a dos veces. De este modo, se puede ir reduciendo el consumo de carnes rojas, combinándolas con verduras o cereales de modo que no sean el plato principal. También es esencial aumentar el consumo de frutas y verduras; si no se consume ninguna, iniciar con al menos una por día y aspirar a cinco porciones en total.

Las legumbres como lentejas, garbanzos y porotos deben ser parte de la dieta. A menudo existe la creencia de que la proteína solo proviene de la carne, pero las legumbres, especialmente al combinarlas con cereales, son una excelente fuente de proteínas. En el caso de los lácteos, se recomienda optar por versiones descremadas y bajas en grasa. Asimismo, incluir frutos secos como parte de la alimentación, ya que son una rica fuente de grasas saludables que protegen el corazón.

La gravedad del hígado graso

Cerca de uno de cada tres argentinos padece de esta condición que generalmente es asintomática y se asocia a factores como el sobrepeso, una mala alimentación, la diabetes y la inactividad física. Existen dos tipos principales de hígado graso: el no alcohólico y el alcohólico. Según explica el cardiólogo Jorge Tartaglione, «el hígado graso no da síntomas. Primero se acumula grasa dentro de las células del hígado, lo que provoca inflamación y cicatrización. Esto se puede revertir, pero la cirrosis es mucho más difícil de tratar».

El hígado graso es un factor de riesgo para problemas cardíacos como el infarto de miocardio y el . Los especialistas advierten que si el hígado graso no se controla, puede evolucionar hacia tres patologías graves: cirrosis, fibrosis y cáncer de hígado.

Estudios recomendados para el diagnóstico

Debido a la naturaleza asintomática del hígado graso en sus primeras etapas, se aconseja llevar a cabo dos estudios fundamentales para su detección: ecografías y análisis de sangre. Un aumento en las enzimas hepáticas puede indicar problemas en este órgano. «Una vez que veas el resultado de la ecografía, puedes tomar medidas para mejorar tu estado. Mantén una alimentación saludable y realiza chequeos regulares», agregó Tartaglione, quien también recomendó un plan que incluya una dieta saludable, actividad física, pérdida de peso y abstinencia de alcohol.

Un endulzante a evitar

El cardiólogo también señaló que el aumento de esta afección se asocia con el consumo de jarabe de maíz de alta fructosa (JMAF), un endulzante presente en muchos productos procesados. “Este jarabe se metaboliza únicamente en el hígado, donde provoca acumulación. Debe evitarse en la medida de lo posible”, concluyó.

Alternativas caseras para desintoxicar el hígado

  1. Jugo de remolacha: recomendado por Fundahígado, este jugo es efectivo para limpiar el hígado debido a su contenido en potasio, vitamina C y antioxidantes como la betalaína, que ayudan a reducir la inflamación.
  2. Té verde: se ha asociado con una reducción significativa en el riesgo de enfermedades hepáticas, incluyendo la cirrosis.
  3. Café: su consumo moderado está relacionado con efectos protectores sobre el hígado, incluso en su versión descafeinada. Se sugiere beber de 3 a 4 tazas al día.
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