La Biblioteca Nacional: un ícono de controversia en Buenos Aires
Contrastes en la percepción de la Biblioteca Nacional
La Biblioteca Nacional de Argentina suscita sentimientos encontrados entre los porteños: admiración y desdén, aplausos y críticas. Esto se hizo evidente en una encuesta realizada en 2013, que reveló que muchos consideran este edificio brutalista, ubicado en el corazón de Recoleta, como el segundo más bello de la ciudad, mientras que otros lo clasifican como el cuarto más feo.
El edificio, que uno de sus arquitectos apodó «gliptodonte«, se ha convertido en un símbolo del imaginario colectivo de Buenos Aires. La inauguración, dirigida por el entonces presidente Carlos Menem el 10 de abril de 1992, marca 36 años de un proyecto que se gestó más de tres décadas antes, cuando la biblioteca comenzó a tomar forma tras la Revolución de Mayo en 1810.
Los orígenes revolucionarios de la Biblioteca Nacional
La creación de la Biblioteca Nacional marcó un hito en la historia argentina. El 13 de septiembre de 1810, la Primera Junta decretó su fundación como la Biblioteca Pública de Buenos Aires, rompiendo con la inercia histórica de que la Iglesia controlara el acceso al conocimiento. Este cambio representó una transferencia significativa de poder al ámbito civil. En ese contexto, Mariano Moreno fue nombrado «Protector» de la nueva biblioteca, un título que destaca su papel fundamental en la historia de la institución. Asimismo, Manuel Belgrano y otros destacados personajes colaboraron en la construcción de su acervo, que incluía materiales recuperados de instituciones coloniales.
Desplazamientos y directores clave
El primer hogar de la biblioteca estaba situado en el Cabildo de Buenos Aires, reflejando su estrecho vínculo con los eventos de la Revolución. Posteriormente, en 1812, la institución se trasladó a la Manzana de las Luces. En 1884, más de medio siglo después de su fundación, fue nacionalizada.Paul Groussac, quien asumió como director en 1885, fue crucial en la consolidación del carácter argentino de la biblioteca, que ahora contaba con una colección más sistematizada y un espacio de difusión, gracias a la revista «La Biblioteca».
Groussac estuvo al frente durante 44 años y preparó el traslado a la emblemática sede de calle México. Originalmente, esa edificación debía albergar la Lotería Nacional, pero se decidió que sería la nueva casa de la biblioteca, lo que permitió conservar y expandir su patrimonio.
En 1955, Jorge Luis Borges fue nombrado director, y su renombre ayudó a atraer más atención hacia la institución y a fomentar la creación de la Escuela Nacional de Bibliotecarios. Borges también jugó un papel crucial en la planificación de la nueva sede, ya que la biblioteca necesitaba espacio adicional para su creciente colección.
Un símbolo de unidad nacional
La ubicación de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno no es trivial. El antiguo Palacio Unzué, residencia presidencial de Juan Domingo Perón, había sido demolido en 1958, luego de servir como blanco en los bombardeos de 1955. Esto marcaba un intento de borrar los vestigios de un gobierno controvertido. A fines de 1962, se organizó un concurso nacional para diseñar la nueva sede, donde ganó el proyecto de Clorindo Testa, Alicia Cazzaniga y Francisco Bullrich, que incorporaba innovadores depósitos subterráneos para garantizar la conservación de los libros.<\/p>
La construcción del proyecto, aunque prometedora, se vio retrasada y finalmente, tras muchas dificultades, fue inaugurada en 1990. En 2019, el edificio fue declarado Monumento Histórico Nacional, y alberga más de un millón de libros, siendo capaz de guardar hasta tres millones en total.
Entre sus preciados tesoros se encuentran incunables (libros impresos antes de 1500), así como las bibliotecas personales de personajes históricos como Manuel Belgrano y José de San Martín. Una de las donaciones más significativas del siglo pasado provino de Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo, que incluyó 17,000 obras.
El ex presidente Arturo Frondizi destacó el simbolismo del nuevo edificio como un lugar de encuentro entre argentinos, un espacio neutral donde todas las ideologías pueden coexistir.
Aunque la Biblioteca Nacional sigue causando controversia por su arquitectura, no se puede negar su importancia cultural y su función como un defensor del saber nacional.
