Un exsenador estadounidense revela su diagnóstico de cáncer avanzado y su lucha personal

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Cambio de vida para Ben Sasse

Lo que comenzó como una molestia física tras intensas sesiones de entrenamiento tomó un giro inesperado para el exsenador Ben Sasse, quien compartió su historia en diciembre tras recibir un diagnóstico de cáncer en etapa avanzada. Aunque ya no era representante del estado de Nebraska, eligió informar a través de redes sociales sobre su condición: cáncer de páncreas en etapa 4. La sorpresa fue enorme, no solo por la gravedad del diagnóstico, sino porque su malestar inicial había sido interpretado como una simple lesión muscular.

Desde el principio del dolor

En una entrevista con The New York Times, el político de 54 años rememoró el origen de sus síntomas. “Cuando llegas a los 30, 40 y 50 años, te preguntas: ‘¿Cómo puedo mantenerme en forma?’. Antes competía en muchos triatlones. Este otoño, mientras me preparaba para algunas competiciones cortas, comencé a sentir un fuerte dolor de espalda”, comentó.

Intentando justificar su malestar, reflexionó: “Pensé que era una tontería usar un chaleco de 20 kilos no solo durante los entrenamientos, sino también al andar en bicicleta. Esa no es la postura adecuada para cargar peso”, dijo. A pesar de dejar de usar el chaleco, el dolor se intensificó, preocupando a Sasse, quien sin antecedentes similares comenzó a notar un cambio significativo en su salud.

Búsqueda de respuestas

Para finales de octubre, cerca de Halloween, el dolor se volvió agudo, lo que lo llevó a pensar que se había lesionado los músculos abdominales. Tras consultar a un médico, le preguntaron si había sentido dolor similar anteriormente. “Nunca había tenido esos síntomas antes de finales de octubre. Pero en noviembre, el dolor se volvió tan intenso que visité a mi médico de cabecera y le advertí: ‘Algo no está bien’”, explicó Sasse, quien cuenta con más de 18 mil seguidores en sus redes.

Inició entonces una serie de pruebas para entender la causa de su dolencia. Aunque inicialmente se exploraron causas como intolerancias alimentarias, la situación cambió drásticamente con análisis más profundos. “El 13 o 14 de diciembre me realizaron escáneres corporales completos y me llamaron 45 minutos después, manifestando duda en su voz”, relató.

Sasse, consciente de que sus médicos podrían ocultar información, insistió en la sinceridad. “Les pedí que me dijeran la verdad. Entonces, tras dudar, comenzaron a explicar la evolución de la atención oncológica. Bromeé diciendo: ‘Todavía no me has confirmado que tengo cáncer’”, volvió a recordar.

La dura realidad

En los días siguientes, le informaron que tenía cinco tipos de cáncer: linfoma, vascular, de pulmón, hígado agresivo y de páncreas. Así comprendió que sus días eran limitados. Desde entonces, su enfoque ha cambiado, pasando de resolver temas estatales a lidiar con su salud, incluidos ensayos clínicos para prolongar su vida.

Actualmente, Sasse enfrenta varios efectos secundarios del tratamiento, pero su esperanza de lucha permanece viva. Compartió uno de los más duros tratamientos: “Causa efectos extraños, como la incapacidad de regenerar la piel, resultando en sangrados inesperados”, describió. También comentó sobre sensaciones extremas como ardor, náuseas y un malestar generalizado.

“A mediados de diciembre, me dijeron que tenía de tres a cuatro meses de vida, y ya han pasado 99 días. Estoy mucho mejor que en Navidad. Aunque me queda poco tiempo, quiero aprovechar cada momento”, concluyó, reafirmándose en su deseo de seguir adelante.

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