Aumento en el clima de inversión externa más allá del RIGI
Un cambio en la tendencia de inversión externa
La economía argentina ha enfrentado un bajo nivel de inversión privada, tanto local como extranjera, lo que ha contribuido a la falta de un crecimiento sostenible y al estancamiento del Producto Bruto Interno (PBI). Desde la crisis de la convertibilidad a finales de 2001, los diferentes gobiernos han dejado un historial de incumplimientos normativos que fomentaron un clima de inseguridad jurídica y desalentaron la inversión en riesgo. Esta situación ha derivado en más de 60 reclamos ante el Ciadi, donde el 85% de los fallos resultaron desfavorables para el Estado. La proclamada declaración de default de la deuda externa fue el punto de partida de un periodo complicado.
Durante el kirchnerismo, se llevaron a cabo la reestatización de empresas y políticas que resultaron en congelamientos de tarifas, subsidios generales y una inflación creciente bajo el disfraz de cifras oficiales. Todo esto sumado a controles de precios, cambios normativos abruptos y restricciones en la repatriación de divisas, llevaron a que Argentina se uniera al grupo de países con caídas del 15% en el PBI per cápita durante la última década, donde se encontraban Venezuela, Líbano, Siria, Yemen y Sudán. El economista Ricardo Carciofi subrayó esta situación en 2024.
Desafíos en la inversión extranjera directa
Según un análisis de la Fundación Mediterránea, el país ha mantenido un nivel de inversión que rara vez ha superado el 20% del PBI, estando por debajo de lo requerido para un crecimiento sostenido. La Inversión Extranjera Directa (IED) ha sido especialmente escasa, superando en raras ocasiones el 3% del PIB, alcanzando solo un 0.5% en 2025, situación que contrasta notablemente con el 3.7% de Chile y el 3.4% de Brasil.
El último informe de la Unctad revela que Argentina tenía un stock de US$175.500 millones en IED; cifras insuficientes en comparación con Chile y Colombia, que rondan los US$265.000 millones, y muy alejadas de Brasil con US$914.300 millones y México con US$720.250 millones. En 2010, la IED apenas alcanzaba US$85.600 millones.
Un nuevo enfoque económico
Tres especialistas coinciden en que el nuevo enfoque económico del gobierno de Javier Milei está comenzando a generar un reperfilamiento positivo en la atracción de inversiones. Este enfoque se basa en el equilibrio fiscal, la apertura comercial, y un entorno jurídico estable a largo plazo. El régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), instaurado hace dos años, busca asegurar un marco jurídico, tributario y cambiario por 30 años, fundamental para atraer inversiones en sectores clave como la minería, tecnología y energía.
Hasta el momento, el RIGI ha aprobado 16 proyectos que representan inversiones cercanas a US$30.000 millones, generando 54,500 empleos. Además, hay 25 iniciativas en evaluación que sumarían inversiones por más de $111.000 millones y la creación de más de 142.000 empleos.
Perspectivas para el futuro
Recientemente, el régimen incluyó su primer proyecto de exportación estratégica, que involucra al complejo Vicuña en San Juan, donde las empresas BHP y Lundin proyectan una inversión de US$9.200 millones, generando 30.000 empleos y proyectando exportaciones de más de US$2.600 millones al año.
Analistas como Dante Sica resaltan que la mejora en el clima de inversión también se debe a las filiales de multinacionales que buscan activos a precios accesibles, así como al interés creciente de empresas de la región para asociarse con industrias locales. Además, la entrada de capitales de países de la OCDE, particularmente bajo el marco del RIGI, es vista como una oportunidad para establecer contratos directos con el gobierno argentino.
A pesar de la mejora en el ánimo inversor, el contexto macroeconómico sigue siendo delicado. Melconian considera que las condiciones restrictivas continuarán durante la gestión de Milei, lo que limitará el acceso a dólares oficiales. Sin embargo, las expectativas continúan aumentando gracias a la creciente instalación de empresas en Argentina, y sectores como la energía y la minería están posicionándose como fuentes de empleo y desarrollo, generando comunidades de producción en diversas provincias.
El reciente complemento del RIGI, el régimen RIMI, para inversiones de pequeñas y medianas empresas, resalta aún más el compromiso por fomentar la inversión en el país, extendiendo oportunidades para proyectos que abarcan desde la mejora de la competitividad agrícola hasta la fabricación de nueva tecnología.
Finalmente, aunque los montos aprobados para el RIGI son significativos, un informe advierte que equivalen a 1.3 veces la inversión total del país en 2025, sugiriendo que, aunque se está avanzando, se requiere un cambio más profundo que supere la brecha de inversión sistémica existente.
