Beto Márcico reflexiona sobre su carrera y el pleito judicial que marcó su vida

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Un recorrido por la vida de Beto Márcico

Alberto José «Beto» Márcico, exfutbolista argentino, revela que para él, el fútbol se ha transformado en un conjunto de recuerdos más que en un juego activo. Alejado de las canchas debido al desgaste sufrido durante su carrera en las décadas de los 80 y 90, ha cambiado el balón por la natación, una actividad que le permite evitar el impacto en su cuerpo. «Ahora nado porque no tengo impacto, la rodilla y el tobillo pasaron factura», expresa.

Un comienzo poco convencional

A lo largo de la charla, Márcico recuerda su llegada al fútbol profesional, una historia que desafía la narrativa del jugador típico. Sin haber pasado por las divisiones inferiores de ningún club, su trayectoria se forjó en el potrero del barrio de La Barraca. «Trabajaba como cadete y mi padre siempre me decía: ‘Primero el estudio y el trabajo’. Mientras mis amigos estaban en San Lorenzo o Independiente, decidí probar suerte», cuenta. A los 19 años, luciendo unas zapatillas ‘Flecha’ desgastadas, hizo su prueba en Ferro, donde impresionó al marcar un gol y pronto firmó su contrato para jugar en Primera.

La influencia de Griguol y su relación con Maradona

Márcico también habla de su formación bajo la guía de Carlos Timoteo Griguol, a quien considera un segundo padre. Rememora las exigencias que imponía Griguol: «Si el viejo te veía cortar camino, te hacía hacer 20 pasadas más». También tuvo el gran honor de compartir momentos clave con Diego Armando Maradona tanto en las Eliminatorias de 1985 como durante el regreso de Diego a Boca en 1995, a quien describe como «el mejor jugador que vi en mi vida».

Reflexiones sobre su carrera

Sin embargo, el exfutbolista admite que su experiencia en la liga francesa le permitió mostrar su mejor versión: «Boca me dio el 60% de lo que yo rendía. El mejor Márcico lo tuvo Toulouse, por edad y experiencia». No obstante, este periodo en Europa tuvo un alto costo al no ser convocado para el Mundial de 1986, lo que lamenta profundamente

El cambio de rumbo hacia Boca

A pesar de un contrato de diez años en Francia, el llamado de Boca en 1992 decidió su futuro. «Era el único club que me podía hacer volver a la Argentina… No dudé ni un instante, me cambió todo», recuerda emocionado. La vinculación con Boca es un aspecto central de su vida: «Soy bostero terrible, de chiquito».

La carga de un pleito judicial

Al final de la conversación, Márcico ofrece una sorprendente reflexión sobre su felicidad actual, que oscila entre el diez y el cinco. «Ese cinco tiene que ver con una injusticia enorme», señala. Se refiere a una acusación de estafa inmobiliaria en la que se vio envuelto: «Me inculparon de algo que no hice y que desconozco. Esta causa lleva ya cinco o seis años y cuando se sepa la verdad, la gente se va a caer de espaldas». Márcico enfatiza que no hay evidencia que lo comprometa y lamenta el impacto que ha tenido en su vida laboral: «Hace cinco años que no me dejan trabajar en lo que hacía, por culpa de esto. Por eso es importante aclararlo». Con optimismo, cierra diciendo que al superar esta situación, volverá a sentirse completamente feliz.

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