La conmovedora historia de la bandera argentina de las «manos rosas» en el Mundial

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Una bandera que emociona

Durante el partido entre la Selección argentina y Cabo Verde en Miami, se dio cita una multitud de fanáticos. Entre ellos se encontraba Yohana Salamón, una tucumana que captó la atención del público con una bandera nacional decorada con «manos rosas». Este símbolo tiene una profunda historia: fue embellecida por un grupo de niños que asisten a la institución que Yohana coordina, enfocada en el apoyo a personas con discapacidad.

El proceso creativo

Yohana compartió su experiencia, comentando: «Les propuse a los chicos que pinten sus manitos y las pongan sobre la bandera. La idea es que ellos lleguen de alguna manera con sus sentimientos y que den suerte para que Argentina gane». El centro llamado Semper brinda atención a niños de entre 4 y 16 años con diversas discapacidades motrices o mentales, incluyendo autismo y déficit de atención.

Un equipo de apoyo

En la institución trabajan profesionales como fonoaudiólogos, terapeutas ocupacionales, kinesiólogos y psicólogos, quienes ayudan a los pequeños a mejorar su calidad de vida. Yohana destacó: «Los ayudamos a tener o mantener una mejor calidad de vida».

La reacción de los niños

Cuando los pequeños se enteraron de que su bandera llegaría al estadio donde jugaría la Selección, su reacción fue de alegría: «Se pusieron muy contentos y estaban muy felices de poder llegar de alguna manera al Mundial, algo que genera en todos una locura».

Un partido lleno de emociones

En el enfrentamiento con Cabo Verde, la Selección argentina vivió un partido complicado por primera vez en el Mundial 2026, que llevó a sus hinchas a experimentar una montaña rusa de emociones. El encuentro comenzó con un ambiente de alegría y expectativa bajo el caliente sol de Miami, que luego dio paso a la tensión y el nerviosismo.

La afición argentina

En el estadio, la presencia de la afición argentina fue abrumadora, con un 95% del público vistiendo la camiseta albiceleste entre más de 60 mil fanáticos. La atmósfera vivida en la arena fue tan variable como el marcador mismo. Con un empate de 2-2 en el tiempo extra, la tensión llegó a su punto más alto.

La celebración final

El gol del Cuti Romero y el pitazo final desataron una celebración que alivió la ansiedad acumulada en los minutos previos. Inmediatamente después, comenzó la fiesta por la clasificación a la siguiente ronda del torneo, dejando atrás las dudas y el nerviosismo.

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