Juan Ignacio Chela y su camino hacia la paternidad: de la competencia a la adopción en Haití
Transformación en la vida de Chela
Para la mayoría de las personas, Juan Ignacio Chela es conocido como el ex número 15 del mundo en tenis, uno de los destacados miembros de la célebre Legión Argentina y el exitoso entrenador que llevó a Diego Schwartzman a la cima del ranking ATP. Sin embargo, detrás de la imagen del deportista, hoy se encuentra un hombre profundamente transformado por la paternidad. «Últimamente miro para atrás y siento que son varias vidas. Mi carrera fue otra», confesó en una conversación con Leo Montero durante el programa Random.
Tras su retiro hace catorce años, a los 32, Chela reflexiona sobre las diferencias entre la intensa vida en el circuito y su actual día a día: «Ahora veo la carga de trabajo y los viajes que realizan los chicos a quienes entreno y pienso ‘qué bárbaro, no entiendo cómo lo hice’. En ese momento, estabas en la burbuja y no te das cuenta de lo que llevas encima».
La época dorada y el reto de enfrentar a Federer
Al recordar su trayectoria, Chela menciona su mejor año en el tenis en la célebre temporada de 2004, cuando alcanzó los cuartos de final en Roland Garros, donde Gastón Gaudio triunfó en una inolvidable final argentina. «Ese año hubo tres argentinos en semifinales (Gaudio, Coria y Nalbandian). Fue una era dorada. David Nalbandian era el único diferente, el que mejor se adaptaba a cualquier superficie y el que más tiempo se mantuvo en la cima».
Chela, quien disputó partidos contra los grandes del tenis, describe su concepto de jugador ideal: «La cabeza de Nadal, la derecha de Federer, el revés de Djokovic y el slice y la volea de Federer». En cuanto a las sensaciones en la cancha, expresó el impacto que le generaba enfrentar a Federer: «Nosotros solíamos bromear sobre cómo Roger salía de la cancha en polvo de ladrillo con las medias limpias y el cabello impecable. Yo lo enfrenté en Roma y perdí en 42 minutos. Era tan agresivo y jugaba de manera tan relajada desde el primer punto que te desbordaba. Con Nadal, el juego era más táctico y desgastante».
El viaje hacia la adopción en Haití
Un verdadero cambio en la vida de Chela llegó junto a su esposa, Verónica. Tras decidir adoptar, iniciaron un proceso en Haití que se convirtió en una duradera odisea burocrática y humanitaria de más de cinco años, complicándose por la pandemia y la crítica situación política, dominada por bandas armadas. «No queríamos tener hijos biológicos, estábamos cómodos en nuestra zona de confort, pero deseábamos ser padres y buscamos otra manera. Nos informaron sobre dos hermanos (una niña y un niño, hoy de 6 y 4 años) y nos dejó entusiasmados. Comenzamos a hacer videollamadas cada 15 días. Había una persona en el orfanato que hablaba algo de español, pero principalmente eran momentos donde los veíamos jugar o dibujar. Era durísimo, porque sentías que ya eran tus hijos, pero los trámites parecían interminables».
El momento culminante llegó tras un viaje tenso a una isla en crisis, donde debieron extender su estadía cinco días más por la falta de vuelos. Chela recuerda el encuentro emocional: «Cuando llegamos, nos llevaron directamente al orfanato. Nos traen a los niños, que venían corriendo hacia nosotros, ya nos conocían de las videollamadas que realizamos. Fue extraño, porque aunque se acercaban a abrazarnos, en el fondo, no nos conocían. Decías ‘son mis hijos’, y ellos ‘son mis papás’, pero el vínculo real se construye a través de la convivencia diaria. Desde ese día nunca más nos separamos».
Al regresar a Argentina, enfrentaron el desafío del idioma, ya que los niños hablaban criollo haitiano y la comunicación era limitada a gestos y tres palabras clave: «pipi, toilet y comer». Según Chela, «a los tres meses ya hablaban mucho y ahora lo hacen en español perfectamente. Han adoptado modismos, frases y mis gestos. Me llena de orgullo, porque antes yo era el protagonista; ahora ya no existo más, he pasado a otro plano y eso es maravilloso».
