Tallin: el encantador destino medieval de Estonia
Un recorrido por la historia en Tallin
El casco antiguo de Tallin, la capital de Estonia y clasificado como patrimonio de la humanidad por la UNESCO, se puede explorar en un solo día. Esto ha llevado a muchos a optar por cruceros que navegan por el mar Báltico, desembarcando por la mañana y partiendo por la noche. Desde el barco, los visitantes pueden admirar las torres y más de 25 agujas de piedra con tejados de tejas rojas que se alzan sobre los dos kilómetros de murallas que rodean esta ciudadela del siglo XIII.
A solo cinco minutos a pie del puerto, se encuentran las puertas de Rannavärav en la muralla, donde la población de 400,000 habitantes se adapta a la afluencia de turistas, quienes llenan las calles peatonales durante la temporada alta europea. El casco antiguo se divide en Ciudad Baja o Vanalinn y Ciudad Alta o Toompea, creando una atmósfera como de un set de filmación sacado de una película animada.
Descubrimientos históricos en cada esquina
A pocos pasos de la entrada, se encuentra la iglesia de San Olaf, que con su aguja de 159 metros se erigió como la más alta del mundo antiguo y servía de faro para los barcos, aunque también atraía rayos durante las tormentas. Las callejuelas empedradas, cerradas al tráfico, invitan a los visitantes a perderse mientras caminan hacia la Plaza del Ayuntamiento (Raekoja Plats), el corazón de la Ciudad Baja y antiguo lugar de un mercado de hace seis siglos, ahora rodeado de restaurantes y comercios de souvenirs.
El Ayuntamiento, datado del siglo XIII, ofrece acceso a una torre con vistas espectaculares del casco antiguo. A la vuelta, destaca la farmacia más antigua de Europa, en funcionamiento desde 1422. La leyenda cuenta que aquí se colocó el primer árbol de Navidad público, y cada noviembre se erige un gran árbol con una ceremoniosa celebración que inicia un mercado navideño, reconocido por muchos como el más hermoso de Europa.
Una experiencia culinaria medieval
Para sumergirse completamente en el ambiente medieval, los restaurantes Peppersak y Olde Hansa en la Ciudad Vieja están decorados como antiguas tabernas del siglo XIV, ofreciendo cerveza servida en jarra y platos que incluyen carne de caza y pan de centeno, compartidos en largas mesas con camareras vestidas al estilo medieval y todo iluminado por velas. En la entrada, músicos con trajes de época tocan melodías antiguas.
- El pasaje Katarina es el hogar de artesanos locales que venden productos como lana, chocolates y bijouterie.
- La calle Müürivahe, paralela a la muralla, permite recorrerla y acceder a la torre Hellemann, que en el siglo XIV fue una prisión y depósito de municiones.
Cultura y memoria histórica
En la calle Harju, una iglesia del siglo XIII alberga el Museo Niguliste, dedicado al arte medieval. Recientemente, se agregó una torre de observación con un ascensor de vidrio, vista como una atracción polémica por algunos y práctica por otros. Mientras tanto, Vanalinn representaba el centro de comerciantes y artesanos alemanes en la Edad Media, mientras que Toompea era el hogar de los nobles, siendo actualmente la residencia del gobierno y el Parlamento estonio.
El mirador Kohtuotsa ofrece una vista panorámica de Tallin, mostrando la fusión entre el casco antiguo, los modernos edificios de acero y vidrio, y el azul del golfo de Finlandia. Desde el mirador Patkul, la muralla monumental se puede explorar en diversas torres que enseñan su historia y arquitectura, como la torre Margarita la Gorda, que vigilaba los ataques desde el mar, o Kiek in de Kök, donde los soldados podían espiar qué se estaba cocinando.
La oscuridad del pasado soviético
En la calle Pagari, un edificio que en el siglo XIII albergó un centro de detención de la KGB presenta sus celdas como símbolo del terror comunista. Aquellos que se atrevan a explorar el sótano encontrarán pasillos y celdas que un día fueron escenario de interrogatorios de los “enemigos del pueblo”, antes de ser ejecutados o deportados a Siberia. En la actualidad, el edificio también cuenta con apartamentos de lujo, una ironía del pasado comunista.
Al cruzar la puerta de Viru, regresamos al siglo XX, donde el hotel Viru alberga el Museo de la KGB, mostrando la documentación de la vigilancia estatal sobre los ciudadanos, junto a uniformes soviéticos y equipos de espionaje. La estética de la Guerra Fría evoca memorias de espionaje y conspiración.
De regreso al barco, los niños cuentan emocionados haber divisado a la princesa Fiona saludando desde lo alto de una torre.
