La recuperación de los buzones rojos en la Ciudad y la participación vecinal

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Un símbolo de identidad recuperado

El emblemático buzón rojo ubicado en la intersección de Rosario y Doblas, en el barrio de Caballito, ha regresado a su lugar original tras años de inactividad. Aunque este buzón no recibe cartas desde hace tiempo, su restauración ha implicado un esfuerzo conjunto de los vecinos, historiadores y la Junta de Estudios Históricos del barrio, quienes gestionaron su regreso a la histórica esquina.

A pesar de que los buzones han perdido su función principal, continúan siendo utilizados por los habitantes como puntos de encuentro, referencias para orientarse y, por supuesto, como fondos para fotografías familiares. Existen incluso grupos en redes sociales como Instagram dedicados a redescubrir y restaurar estos elementos característicos de la ciudad.

«Este fue un logro colectivo de muchos vecinos. Aunque los buzones ya no están en uso, forman parte del paisaje y del patrimonio del barrio. Estamos muy contentos por su regreso y por haber sido escuchados», comentó Marina Bussio, una de las líderes del movimiento para recuperar el buzón de Rosario y Doblas.

Datos sobre los buzones en la ciudad

Mariano Juárez, administrador de la cuenta temática en Instagram Buzones de Buenos Aires, reveló que no existe un registro oficial que indique la cantidad exacta de buzones en la ciudad. Sin embargo, según su estimación, habría entre 150 y 200 buzones en pie de los más de 4.000 que existieron. Muchos de ellos se encuentran en edificios como el Museo Evita o la Confitería Del Molino.

Mariano añadió que había elaborado una lista donde contabilizaba un total de 195 buzones, aunque estimó que alrededor de 20 podrían haber sido retirados recientemente. También comentó sobre un listado en Google Maps que geolocaliza buzones en todo el país. En meses recientes, varios buzones han sido oficialmente restaurados, un acontecimiento que no sucedía desde hacía una década.

El rol de las instituciones y el patrimonio

Desde la Secretaría de Gobierno y Vínculo Ciudadano del Gobierno de la Ciudad, se explicó que la mayoría de las intervenciones surgieron a partir de solicitudes de los vecinos. Ezequiel Sabor, secretario de la dependencia, indicó: «Los buzones forman parte de la identidad de nuestros barrios y son un recordatorio en la memoria cotidiana de los porteños». Hasta la fecha, varios buzones han sido restaurados, incluyendo los de Neuquén y Espinosa; Freire y Av. de los Incas; Jorge Newbery y Conesa, y otros ubicados en diversas esquinas de la ciudad.

La historia del buzón y su impacto cultural

Un ejemplo emblemático de la conexión entre buzones y cultura se encuentra en El Viejo Buzón, un icónico bar de Caballito que lleva el nombre de un buzón que estuvo presente antes de que la esquina se convirtiera en un café. Felipe «Toto» Evangelista, fundador del establecimiento, señala que, en la década de 1990, la comunidad se unió para impedir que el Correo Argentino lo retirara. «Ese buzón y el de Centenera y Tabaré en Pompeya fueron defendidos por los vecinos cuando aún no contaban con protección patrimonial», comentó Evangelista.

El patrimonio de los buzones también se remonta a la producción de los buzones por parte de Alfonso Maculus, un inmigrante griego que fabricó miles de buzones de hierro fundido. Su nieto, Eduardo Daniel Maculus, rastrea los buzones que aún existen en varias localidades del país, reflejando un interés por preservar esta parte de la historia.

La evolución del diseño de los buzones

Establecido en 1895 por la Dirección General de Correos y Telégrafos, el diseño clásico de los buzones fue creado por los Talleres del Fénix. Su diseño reglamentado, que incluía materiales específicos y dimensiones, evolucionó a lo largo del tiempo. Aunque con la llegada de las nuevas tecnologías su función ha cambiado, estos buzones se han convertido en pequeños monumentos que evocan la memoria urbana de la ciudad.

Pese a la disminución de su uso, los buzones siguen siendo parte fundamental del paisaje urbano, y los propietarios de locales y vecinos continúan esforzándose por mantenerlos como un símbolo de identidad cultural.

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