El crecimiento de la red de atención en neurodesarrollo en Buenos Aires
Aumento en la demanda de atención especializada
En la red dedicada a la atención especializada en neurodesarrollo, que comenzó su funcionamiento en la ciudad hace apenas un año, la demanda infantil y adolescente ha sido desbordante, según afirman los profesionales y coordinadores involucrados. Este fenómeno no solo se debe al incremento de trastornos de conducta, comunicación, lenguaje, atención y aprendizaje en los últimos años, sino también a la escasez de turnos y especialistas, como fonoaudiólogos, así como a las condiciones restrictivas impuestas por las coberturas privadas para que los jóvenes accedan a los tratamientos necesarios.
María Noel Seoane, psiquiatra infantojuvenil y pediatra del desarrollo en el Hospital Elizalde, explicó que en la pospandemia, al igual que en otras jurisdicciones, se observó un verdadero caos en cuanto a las solicitudes de evaluaciones y intervenciones en desarrollo infantil y salud mental. «La demanda se incrementó de forma exponencial«, afirmó.
Creación de nodos de neurodesarrollo
Desde la apertura, en el Consultorio de Orientación del Desarrollo, se registraron 800 pacientes en lista de espera durante 2022 y 2023. Para gestionar las solicitudes, en septiembre del año pasado se estableció una red de nodos de neurodesarrollo que funcionan fuera de los hospitales. Este sistema de atención y derivación comienza con los pediatras de los centros del primer nivel en los barrios, como los Centros de Salud y Acción Comunitaria (Cesac), los Centros de Cuidado Integral (CCI) y los hospitales.
Durante las consultas, se realiza una evaluación básica a través de observación, utilizando una checklist de metas de desarrollo acorde a la edad del niño. Esta herramienta está integrada en la historia clínica electrónica y permite detectar alertas tempranas (por ejemplo, si un bebé no sonríe o no sigue objetos con la mirada a los 12 meses, o si a los 2 años no gatea o no dice palabras).
Si se identifican señales de alerta, el paciente es referido a uno de los ocho nodos ubicados en diversos Cesac y Centros Médicos Ambulatorios de Referencia (Cemar). Cada nodo cuenta con un equipo multidisciplinario que incluye un pediatra del desarrollo, un psicólogo, un fonoaudiólogo, un psicopedagogo y un terapista ocupacional. Estos profesionales se especializan en trastornos del espectro autista (TEA), trastornos por déficit de atención (TDAH), problemas de lenguaje, conducta, aprendizaje específico (como dislexia) y trastornos de la comunicación social.
Resultados y seguimientos recientes
Julieta Sameghini, coordinadora del Plan de Neurodesarrollo para Atención Primaria de la Salud, estimó que alrededor de 4000 niños y adolescentes han consultado con un pediatra del desarrollo, iniciando tratamientos en los nodos o siendo referidos a sus respectivas coberturas. Actualmente, hay más de 500 en seguimiento. Cada mes se habilitan aproximadamente 4400 turnos para evaluación y seguimiento de neurodesarrollo y otros 1200 para salud mental.
Ante la creciente demanda, el sistema había ofrecido respuestas desorganizadas y fragmentadas, como lo señalaron Julieta Sindoni y Javier Alvarado, coordinadores del Plan de Neurodesarrollo. Muchos padres reportaban la necesidad de turnos para diagnósticos o pruebas específicas sin haber pasado por una evaluación médica previa. Para reorganizar este proceso, se actualizó la historia clínica electrónica con el Instrumento de Observación del Desarrollo Infantil (IODI), capacitación brindada a 600 pediatras y médicos generales, de los cuales el 97% ya lo utiliza eficazmente.
Se ha disminuido considerablemente el tiempo de espera y hoy, las listas de espera se han reducido a cero, y la edad de detección se ha recortado a la mitad. Mientras que antes el primer diagnóstico se hacía alrededor de los 10 años, actualmente se logra entre los 5 y 6 años, algo decisivo para el desarrollo educativo del niño.
Intervención temprana y su impacto
El protocolo de detección temprana se ha enfocado principalmente en pediatría, aunque se han establecido dos centros de diagnóstico para jóvenes y adultos. Las citas se distribuyen según disponibilidad y necesidad de especialización.
En abril de este año, los ministros de Salud, Educación y Desarrollo Humano y Hábitat coincidieron en que los trastornos del neurodesarrollo son una de las «epidemias de esta época» junto a los problemas de salud mental. Quirós enfatizó sobre la importancia de la capacitación docente para identificar a los estudiantes que requieren una evaluación inicial.
Casos concretos como el de Lucas, un niño de 5 años que fue derivado a la red por dificultades en el habla, ejemplifican cómo esta red es útil en la práctica. Su padre, Rolando, comentó que tras pasar por un jardín de infantes, donde notaron su problema de comunicación, lograron acceder a la atención a través de la escuela, facilitando así su tratamiento.
La atención en los nodos abarca hasta los 17 años, y, por lo general, la mayoría de los pacientes se encuentran entre los 6 meses y 14 años de edad. La psicóloga Julia Fauque explicó que el trabajo puede ser individual, en parejas o grupal, según las necesidades del joven, enfocándose también en el trabajo conjunto con las familias y las escuelas.
Por otro lado, el equipo multidisciplinario se esfuerza en detallar cada intervención y facilita un entorno cohesionado para el desarrollo del niño. Julieta Muñoz, psicóloga del equipo, destacó la colaboración entre especialidades, lo que permite tratar de manera más eficaz y rápida. “La clave es intervenir temprano y ayudar a los niños a adaptarse a su entorno social”, subrayó.
Señales de alerta para la detección temprana
Las siguientes señales de alerta son importantes para la identificación temprana de trastornos en el desarrollo:
- Hasta 1 año: no sonríe, no sigue objetos con la mirada, no responde a su nombre.
- De 1 a 2 años: no dice palabras, no imita acciones, tiene dificultades para caminar o gatear.
- De 2 a 3 años: no forma frases cortas, evita interacción con otros niños, presenta conductas repetitivas intensas.
- De 3 a 5 años: no sigue instrucciones simples, presenta problemas para relatar lo realizado en la escuela.
