Una argentina relata su aterradora experiencia en detención del ICE
Encuentro inesperado en el aeropuerto
Agustina Gallo, una argentina de 32 años, se encontraba en el aeropuerto de San Francisco, Estados Unidos, a punto de abordar un vuelo hacia Atlanta para asistir al partido de Argentina contra Inglaterra, cuando fue interceptada por un grupo de hombres vestidos de negro. Con un mapa en mano, se acercaron a ella y le preguntaron si era Agustina, llevándola a una pequeña sala donde, lamentablemente, le colocaron esposas y se identificaron como agentes del ICE, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas.
La detención
En un estado de sorpresa y temor, Agustina fue trasladada a una combi blanca sin ventanas y sin ninguna identificación. Allí, fue encadenada de pies a cintura, con un fuerte dolor por el peso de las cadenas. Su angustia creció al escuchar a los oficiales haciendo bromas sobre su situación, refiriéndose a ella como «el próximo cuerpo».
- Agustina, quien viajó a México en 2018, había estado en Estados Unidos desde 2020 con su pasaporte italiano y visa de turista.
- Tras un viaje sin inconvenientes en avión para el primer partido, esta vez decidió viajar en auto con su permiso ya vencido.
La experiencia en la cárcel
Agustina fue llevada a un centro de detención en California City, donde pasó los 15 días siguientes en condiciones extremas. Vivió en celdas mínimas con aire acondicionado al máximo, donde las luces no se apagaban nunca.
- Las instalaciones carecían de agua potable y la alimentación era escasa, con raciones mínimas cada día.
- Entre las detenidas había mujeres de diferentes países, muchas sin antecedentes criminales, y algunas llevaban hasta dos años en esa situación.
Durante su detención, Agustina notó que había un sistema monetario dentro de la cárcel, donde las detenidas podían comprar productos básicos y lujos, lo que la llevó a concluir que “cuanto más gastas, más tiempo te tienen detenido”. A pesar de que la mayoría gastaba excesivamente, ella optó por economizar su dinero.
El impacto psicológico y liberación
El tiempo que pasó allí fue un juego mental constante, donde reafirmó su sentir de que la violencia psicológica era igual de dañina que la física. La sujeción de su libertad le llevó a la desesperanza, hasta que un día fue llamada para su liberación.
Después de 15 días de angustia, una oficial la sacó de la celda y recibió la noticia de su salida. Sin embargo, la alegría se mezcló con miedo, ya que salir de ese lugar la aterrorizaba más que permanecer en él. Fue llevada al aeropuerto y, aunque logró volar a Texas y posteriormente a Italia, las secuelas de su experiencia la persiguen. Ahora, desde Sayulita, México, comparte su historia, aún sorprendida por las irregularidades en su proceso y lidiando con el impacto emocional de su detención en el ICE.
