El barrio de Buenos Aires con casas históricas que se venden a partir de US$140.000
Conjunto residencial de más de un siglo
En Villa Santa Rita, un vecindario de la Ciudad de Buenos Aires, se pueden encontrar un conjunto de viviendas que han mantenido su carácter urbano único durante más de 100 años. Las conocidas Casas Baratas del barrio Nazca son una red de pasajes y pequeñas manzanas que conservan su escala original, con viviendas unifamiliares, calles estrechas y un estilo arquitectónico que las distingue del resto del área.
Actualmente, el precio inicial de estas propiedades es de aproximadamente u$s140.000 para las casas que han sido mantenidas en su estado original, mientras que las reformadas pueden alcanzar hasta u$s300.000. Hay unas 15 casas disponibles en venta y hay casi ninguna oferta de alquiler, lo que refleja el interés de aquellos que desean residir en un entorno residencial de baja densidad.
Un legado arquitectónico y social
Estas viviendas son parte de un programa pionero de construcción de casas económicas en Buenos Aires. Aunque fueron originalmente diseñadas para atender la necesidad habitacional de sectores populares, con el tiempo, han adquirido un valor histórico, arquitectónico y también inmobiliario. La normativa urbanística protege estas edificaciones, lo que limita la construcción en altura en la zona, pero los expertos advierten que la preservación no debería resultar en un estado de estancamiento.
Historia de las Casas Baratas
Las Casas Baratas fueron impulsadas por las primeras políticas de mejora de condiciones habitacionales en la ciudad. La Ley 9677, conocida como Ley Cafferata, fue promulgada el 5 de octubre de 1915 gracias al legislador conservador y médico Juan Félix Cafferata. Esta ley estableció la Comisión Nacional de Casas Baratas, con la misión de promover viviendas dignas y nuevos conceptos de ocupación, fomentando a su vez la participación tanto de constructores privados como del Estado.
El objetivo era ofrecer una alternativa al hacinamiento que caracterizaba a los conventillos en un periodo de crecimiento poblacional debido a la inmigración. Sin embargo, los conjuntos de Villa Santa Rita y otros como Segurola y Liniers estaban vinculados a la Compañía de Construcciones Modernas, que había prometido construir 10,000 viviendas de mínimo cinco habitaciones.
Diseño y características de las viviendas
Las casas en Villa Santa Rita, también conocido como barrio Nazca, fueron erigidas en 1924 y representan el primero de cinco barrios desarrollados por la mencionada compañía. Originalmente, el plan abarcaba 476 viviendas.
El diseño urbano es particular, con las llamadas manzanas tallarín, que dividen la manzana tradicional en cuatro tiras que permiten un mejor aprovechamiento del terreno. Las casas fueron construidas con un diseño pareado, cada una compuesta de cinco habitaciones, cocina y baño.
Datos sobre la oferta inmobiliaria
Los terrenos en la zona tienen características homogéneas, con casas que cuentan con aproximadamente 92 m² de terreno y 140 m² de superficie construida a lo largo de dos plantas, en general con cuatro o cinco ambientes. La mayoría de estas propiedades han sido reformadas, pero muchas aún conservan detalles originales, como pisos de pinotea y escaleras de madera.
Este conjunto de viviendas es atractivo para quienes buscan una casa unifamiliar sin tener que pagar los altos precios de propiedades más grandes en otras áreas de la ciudad. También atrae a quienes prefieren opciones originales que se puedan modificar según sus gustos.
Desafíos y futuro
La escasez de alquileres es una característica notable en esta zona. La mayoría de las viviendas se encuentran ocupadas por sus propietarios o están a la venta, lo que hace que aquellos que quieran mudarse deban competir por una oferta limitada. Las regulaciones urbanísticas que protegen estas construcciones impiden la edificación de nuevos edificios, lo que también limita la disponibilidad de unidades.
La arquitecta Rossana Castiglioni, experta en patrimonio, señala que el gran reto es equilibrar la conservación del patrimonio con las necesidades actuales de sus residentes, enfatizando que preservar no equivale a congelar las viviendas, sino a adaptarlas a los nuevos estilos de vida. “Si no se invierte en el patrimonio y se deja sin uso, inevitablemente se deteriora
