La orden clave que selló el destino de Che Guevara y su cronología en Bolivia

imagen-70
Compartilo

La crónica de un destino marcado

El 8 de octubre de 1967, una orden precisa surgió de la voz del presidente boliviano, el general René Barrientos Ortuño, que resonó en las oficinas gubernamentales: “Saludos a Papá”. Esta frase encubierta significaba en realidad: “Maten al Che Guevara”. Al día siguiente, 9 de octubre, Guevara fue ejecutado a balazos por un sargento del ejército en La Higuera, un pequeño pueblo en el sur de Bolivia, concluyendo así su ambición de propagar la Revolución Cubana en el continente sudamericano.

Los preparativos de la guerrilla

Desde su llegada a Bolivia en noviembre de 1966, Guevara había asumido la identidad de Adolfo Mena González, un economista uruguayo, con la esperanza de establecer un foco guerrillero. Reuniendo un grupo de casi sesenta guerrilleros entre cubanos, bolivianos y argentinos, se propuso iniciar una insurrección continental.
El primer campamento se estableció en una propiedad a orillas del río Ñancahuazú, a unos 250 kilómetros de Santa Cruz de la Sierra. Sin embargo, enfrentó serias dificultades: el ejército boliviano contaba con el respaldo de Estados Unidos y, a diferencia de lo que esperaba Guevara, careció del apoyo local de los campesinos.

La conspiración de la CIA

Antes de que Guevara llegara a Bolivia, Estados Unidos había enviado a sus boinas verdes para entrenar a las fuerzas bolivianas. Tras averiguar sobre la presencia del líder guerrillero, la CIA envió a su agente Félix Rodríguez, quien había sido parte de la invasión a Cuba por Bahía de Cochinos y se consideraba un enemigo acérrimo de Fidel Castro y Guevara.

En la tarde del 8 de octubre, el ejército boliviano acorraló a los guerrilleros en la Quebrada del Churo, donde comenzó un tiroteo. Dos hombres, incluyendo a Guevara, quedaron aislados y, tras identificarse como el Che, fueron capturados. Fueron trasladados al destacamento bajo el mando del capitán Gary Prado Salmón.

Interrogatorios en La Higuera

Durante la noche, Guevara y otros prisioneros fueron llevados a una escuela en La Higuera, donde fue interrogado por el teniente coronel Andrés Selich. A pesar de estar gravemente herido, Guevara se mostró desafiante y, al ser cuestionado sobre sus actividades, hizo evidente su estado de desánimo, diciendo: «Fracasé. Se acabó. Esa es la razón por la que me encuentro en este estado».

Las últimas horas del Che

El 9 de octubre, un helicóptero aterrizó en La Higuera, trayendo a Zenteno Anaya y a Rodríguez, quien estaba armado con un potente transmisor. A pesar de las instrucciones desde La Paz, hubo un descontento entre los oficiales sobre ejecutar a Guevara. Sin embargo, la decisión ya había sido tomada.
Rodríguez, tras un intercambio con Guevara, cargó en su consciencia la decisión de ejecutar al Che, pero intentó interceder por su vida sin éxito. Este último intercambio culminó cuando Rodríguez le dijo al sargento Mario Terán, indicado como verdugo, que no le disparara en la cara.

La ejecución del Che

Finalmente, alrededor de la 1:10 p.m., Rodríguez escuchó los disparos que marcarían la muerte de Guevara. El tumulto en torno a su ejecución estuvo envuelto en contradicciones y desinformación, pero el resultado fue claro: el legado de Guevara terminaría abruptamente. Con su cuerpo expuesto, se daría inicio a una controversia sobre la forma y ubicación de su sepultara.

El destino final de Guevara

Después de su ejecución, su cuerpo fue transportado y exhibido al público en Vallegrande, a modo de trofeo. En los días siguientes, se procedió con las primeras etapas del ocultamiento de su cuerpo, hasta su identificación y posterior repatriación a Cuba en 1997, donde recibió un homenaje como un héroe nacional, enterrado en Santa Clara, junto a otros guerrilleros que compartieron su destino.

Compartilo