El primer compañero de Maradona en Argentina recuerda su épico encuentro

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Un momento mágico en el fútbol argentino

La magia del fútbol no se puede forzar; surge de manera espontánea y natural. Tal fue el caso cuando Sergio Luna conoció a Diego Maradona. En un entrenamiento de la Selección juvenil, poco antes del Mundial de 1978, se dio el primer encuentro de estos dos extraordinarios futbolistas. «Apareció en el entrenamiento en el predio del Sindicato de Empleados de Comercio y entró como si estuviese en Boca o en Napoli, con los botines desatados y haciendo malabares con la pelota. Todos quedamos maravillados», recuerda Lunita, quien fue el primer compañero de El Pelusa en el seleccionado nacional.

Trayectoria de un talento excepcional

Luna, quien hoy tiene 68 años, relata cómo siguió sus pasos en la selección durante sus inicios. A pesar de no tener el respaldo de los clubes más grandes, logró combinarse con uno de los más grandes. Creció en Las Parejas, Córdoba, donde su padre fue futbolista semiprofesional. A la edad de 9 años, comenzó a participar en torneos juveniles, siempre con el apoyo y dirección de su padre.

«Mi viejo me cuidaba y me guiaba, siempre buscaba que me enfocara en el fútbol», explica. Después de varios intentos y frustraciones en clubes como River y Boca, Luna logró debutar en primera división en 1976. En su primer partido como titular junto a Diego, él portó la camiseta N° 9, mientras que Maradona llevaba la N° 10.

Recuerdos imborrables

  • «Era increíble jugar con Diego, siempre mostró una humildad asombrosa».
  • Sergio soñaba con jugar a nivel profesional: «Era feliz en esa etapa».
  • Recuerda cómo a través de los años mantenían el contacto, con tarjetas de fin de año y conversaciones sobre fútbol.

Luna también mencionó la influencia de César Luis Menotti como técnico, quien siempre supo motivarlos: «Me decía que si no mencionaba mi nombre era porque estaba haciendo las cosas bien».

Después de retirarse del fútbol, Luna continuó siendo parte del mundo del deporte, transmitiendo su conocimiento a futuras generaciones. Además, estableció una estrecha relación con su hijo, Damián Luna, a quien le exigió más desde su experiencia.

Legado en Bolivia

Luna jugó casi diez años en Bolivia, especialmente con el club The Strongest, donde dejó una huella imborrable logrando varios títulos y reconocimientos. “Me hicieron un libro sobre mi vida y tengo una canción dedicada a mí, que se convirtió en un himno familiar”, menciona emocionado. Su relación con los aficionados es algo que atesora, pues la gente lo recuerda con cariño más allá de sus logros en el campo de juego.

Reflexiones sobre Maradona

El exjugador lamenta no haber podido despedirse de Diego: «No pude asistir a su velorio, pero lloré mucho su partida. La noticia me golpeó como si se tratase de un familiar». En sus palabras, resalta la profunda conexión de Maradona no solo con el fútbol, sino con su contexto social. Reconoce que muchos jóvenes no conocen su verdadera dimensión y legado: «Diego estaba comprometido tanto en lo futbolístico como en lo social».

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