Cierre de Fate: una mirada crítica ante la nueva apertura comercial

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La controversia en torno al cierre de Fate

Un comentario recurrente en las redes sociales en estos días carga contra el reciente cierre de Fate, atribuible a las políticas comerciales del dúo formado por Javier Milei y Luis Caputo. Este comentario destaca el apuro con que se implementan las medidas destinadas a reducir los precios de productos esenciales para los consumidores. También menciona la aparente indiferencia del gobierno ante los efectos negativos que estas decisiones tienen en la producción local y el empleo. Se destaca que estas acciones se llevan a cabo con un dólar atrasado, lo que complica la evaluación de la gravedad de la situación, aunque se supone que los efectos son significativos.

En este sentido, una frase que ha circulado indica que «Fate aguantó 80 años de crisis e inestabilidad argentina, pero no pudo sobrevivir a solo dos años de Milei». Esto sugiere que la administración actual podría ser comparada con un Terminator de la industria nacional, planteando que es una amenaza mayor que las liderazgos de Martínez de Hoz, Cavallo y Macri juntos.

La postura del gobierno y sus implicaciones

Se ha observado que el propio gobierno muestra una postura inflexible en relación a los cierres de empresas, indicando que poco le preocupan los problemas que estos generan, sugiriendo que aquellos negocios que cierran lo hacen por méritos propios. Aseguran que esto resultará beneficioso a largo plazo: los dueños de las empresas encontrarán actividades más rentables, los trabajadores despedidos lograrán mejores empleos y los consumidores accederán a productos a precios más asequibles.

Sin embargo, se percepciona que la administración actual no tiene el menor interés en facilitar la adaptación de las empresas a las nuevas normativas ni en brindar apoyo estatal durante la transición. Esto contrasta con políticas anteriores, como las implementadas durante el menemismo, que ofrecían compensaciones para amortiguar los efectos de las reformas y la apertura de mercados.

La historia de Fate y su contexto

Es evidente que la situación de Fate es compleja y que los problemas de la empresa no son recientes. La decisión de desinvertir y dejar que la compañía se deteriorara progresivamente no parece haber sido repentina. También ha habido conflictos con los sindicatos que incluyeron tomas de fábricas y paros laborales, lo cual contribuyó a la actual situación.

Desde mediados de la década de 2000, los accionistas han intentado modernizar la planta y aliarse con socios internacionales, especialmente en Brasil, para aumentar su producción y expandir su mercado. Sin embargo, con el tiempo, esta estrategia comenzó a fallar. La falta de competencia externa a raíz de la política comercial se tornó cada vez más evidente, incrementando los precios locales y reduciendo la variedad de productos disponibles.

La empresa se encontró sin el apoyo gubernamental necesario para sostener su estrategia de internacionalización. En cambio, se enfrentó a una oferta más fácil pero peligrosa: adecuarse a un mercado local que se cerraba, donde la competencia escaseaba.

El papel del sindicato y la situación actual

El SUTNA, el sindicato del neumático, que ha sido controlado en gran parte por el trotskismo, ha mantenido una postura reacia a colaborar. Su enfoque ha estado centrado en maximizar beneficios inmediatos, descuidando la sustentabilidad a largo plazo de la empresa. A pesar de sus esfuerzos por conseguir aumentos salariales y mejores condiciones laborales, su estrategia no ha contemplado la viabilidad futura de Fate.

En la actualidad, el SUTNA proclama la defensa de los empleos y se resiste a abandonar la planta, exigiendo nuevas inversiones para reactivar la empresa. Sin embargo, parece que ha llegado demasiado tarde. La cuestión que queda por resolver es ¿en qué momento realmente se estancó Fate? Puede que la respuesta resida en problemas pasados que, aunque podrían haberse abordado con otras medidas durante diferentes gobiernos, la situación actual muestra que para Fate podría ser demasiado tarde, aunque muchas otras empresas aún podrían salvarse.

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