Las Provincias Unidas en guerra contra el Brasil: un conflicto olvidado

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Una mirada retrospectiva a la guerra contra el Imperio del Brasil

La conclusión de la historia sobre el conflicto contra el Imperio del Brasil nos lleva a retroceder en el tiempo. Tras relatar las campañas navales de la escuadra argentina, bajo el mando del almirante Guillermo Brown, que incluyeron victorias notables como las de Juncal y Los Pozos, así como derrotas dignas, como en Santiago, se hace necesario centrar la atención en la campaña militar del Ejército Argentino. Este fue el primer ejército en utilizar ese nombre, liderado por el general Carlos de Alvear, una figura controvertida cuyas diversas posturas políticas a lo largo de su extensa carrera merecen un análisis más profundo.

Los inicios del conflicto en territorios orientales

Tras el desembarco del general Juan Lavalleja en la playa Agraciada, fecha marcada el 19 de abril de 1825, se formó una fuerza militar respaldada por los pobladores de la región oriental. Este apoyo facilitó el avance hacia Montevideo, que quedó sitiada por el ejército imperial brasileño, abastecido únicamente por su flota.

El 24 de septiembre de 1825, cerca de la actual Villa Soriano, el coronel João Propício Mena Barreto y sus 700 hombres fueron emboscados por un grupo de 250 bajo el mando del general Fructuoso Rivera. Esta táctica resultó en una victoria aplastante para los orientalistas, cuyo éxito dejó a los brasileños con más de 150 muertos y obligó a su retirada, dejando atrás 8000 caballos. Este enfrentamiento es conocido como la batalha del Rincón.

Más tarde, el 12 de octubre, las tropas brasileñas lideradas por el general Bento Manuel Ribeiro se enfrentaron a los soldados del general Lavalleja en el arroyo Sarandí, donde más de 4000 combatientes se encontraron. La victoria de Lavalleja marcó un punto decisivo en el conflicto, siendo este su parte de batalla: “Ya no es posible que el déspota del Brasil espere de la esclavitud de esta provincia un engrandecimiento de su imperio…”. Este episodio es recordado como la batalha de Sarandí y sus memorias se preservan en varias calles de Buenos Aires.

Creación del Ejército Argentino

Antes de las mencionadas batallas, el gobernador de Buenos Aires, Juan Gregorio de Las Heras, organizó un ejército en mayo de 1825 con el objetivo de prevenir un ataque del Imperio, acantonándolo en Concepción del Uruguay y designando al general Martín Rodríguez al mando. Frente a esta amenaza, el Congreso Nacional en Buenos Aires decidió constituir el «Ejército Argentino«, un revuelo de fuerzas nacionales y provinciales, declarado por primera vez bajo ese nombre.

Es relevante señalar que durante las guerras de independencia, los ejércitos eran nombrados de acuerdo al contexto en el que operaban, como el Ejército del Paraguay o del Alto Perú. Los combatientes de este nuevo ejército eran veteranos con experiencia militar acumulada desde 1810, lo que sorprendió al Imperio, carente de tal formación.

El presidente Bernardino Rivadavia, quien asumió el cargo el 8 de febrero de 1826, nombró al general Carlos de Alvear como ministro de Guerra y Marina. Aunque el general Juan Bautista Bustos fue sugerido para liderar el Ejército, declinó la oferta, recomendando al libertador José de San Martín, radicado en Europa, lo que causó que Alvear asumiera el comando del Ejército Argentino.

Invasión al territorio brasileño

Alvear tomó el mando en la ciudad oriental de Salto el 1 de septiembre de 1826, aunque notablemente, su predecesor abandonó el puesto sin esperar por su llegada. Con un ejército brasileño de 12.500 efectivos liderados por el marqués de Barbacena, que carecían de experiencia, Alvear decidió actuar rápidamente. Este ejército se encontraba en una posición defensiva, sobresaturado de infantería y sin caballería efectiva, lo que los llevaba a emplear mercenarios para cubrir esta necesidad.

Preparativos para la batalla de Ituzaingó

Las tropas argentinas enfrentaron múltiples obstáculos, incluidos terrenos que limitaban su uso de la caballería. Alvear, confiado en su estrategia, intentó flanquear a los brasileños en una maniobra que obligó a sus oponentes a retroceder al plano. El 13 de febrero de 1827, Álvaro denunció la victoria en Bacacay, gracias a una exitosa actuación del coronel Juan Lavalle. Dos días después, con el general Lucio Norberto Mansilla a la cabeza, se enfrentaron nuevamente a los brasileños en el arroyo Ombú, resultando también en una victoria, dejando a las fuerzas brasileñas con 173 bajas.

Estas derrotas causaron un descontento notable entre las filas brasileñas que, tras la destitución de su comandanate Bento Ribeiro, condujeron a una reconfiguración de sus fuerzas, sumando estrés en la antesala de la futura batalla. El rápido movimiento de las tropas argentinas hacia el río Santa María culminará en lo que se conocerá como la batalha de Ituzaingó, un enfrentamiento que aquí se concluirá si los astros lo permiten el próximo fin de semana en estas columnas.

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