Cartas desde el campo: Dionisio Schoo, el tenaz capataz de Rosas

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Un precursor en el campo argentino

Dionisio Schoo Villafañe nació el 8 de octubre de 1811 en Tucumán. Era hijo de Juan Shaw y Feliciana Villafañe. Tras la muerte de su padre, su madre decidió enviarlo junto a sus hermanos menores a estudiar a un colegio en Buenos Aires. Ahí, el director del colegio recomendó a su madre que modificara el apellido familiar a una versión más castellanizada: «Schoo».

Dionisio mostró desde temprana edad un gran interés por las actividades agrícolas. Su nieto, Dionisio Schoo Lastra, menciona en el libro Lanza rota que gracias a la recomendación de José María Ezcurra, ingresó como capataz en la Estancia San Martín, que pertenecía a Don Juan Manuel de Rosas.

Correspondencia significativa en la estancia

En el Archivo General de la Nación (Sala X, Secretaría de Rosas), se conserva una importante colección de cartas intercambiadas entre Schoo y Rosas. Estas cartas documentan de manera detallada la vida cotidiana en la estancia, incluyendo aspectos como los movimientos de ganado, salario de los trabajadores y diversas novidades. Las misivas también reflejan las costumbres y prácticas agrícolas de la época.

  • Schoo pedía raíces de guaycurú para preparar ungüentos que se utilizaban en el campo por sus propiedades astringentes y hemostáticas.
  • El 15 de octubre de 1842, notificó que el peón Lorenzo Ponce había perdido la vida tras sufrir una puñalada en el abdomen al caerse del caballo, debido a que llevaba el cuchillo al frente en vez de a la espalda.
  • Durante la época de esquila, era habitual que solicitara hilo para atar los fardos de lana. Un comprador le recomendó que para aumentar el precio de la lana, era conveniente «lavar» las majadas entre 6 y 15 días antes de esquilar.

El 28 de septiembre de 1844, detalló que las ovejas pasaban hasta 6 veces por un arroyo para ser “lavadas” y proporcionó información sobre las profundidades del agua en las que nadaban. En otra solicitud, del 1° de octubre de 1844, pidió 500 latitas similares al tamaño de «un real cobre» para entregarlas a los esquiladores por cada oveja esquilada.

Gestiones para la estancia

Dado que Rosas le había comentado sobre la abundancia de juncos en Palermo, Schoo solicitó una cantidad considerable para los ranchos de San Miguel y San Juan, de 14 varas de largo por 5 de ancho cada uno, estimando dos carretas de juncos por rancho.

El 31 de agosto de 1844, reportó la plantación de 589 paraísos y 2.596 duraznos, junto a sauces, álamos, damascos, peras, manzanas, higueras y nogales. Debido a la presión del tiempo, pidió más personal para continuar con las tareas en la quinta.

En cuanto a los problemas de plagas, mencionó el bicho canasto y solicitó escaleras altas para erradicarlos manualmente. También hizo hincapié en la necesidad de veneno contra roedores y la lucha contra vizcachas, que se combatían quemando estiércol en sus cuevas.

El 27 de mayo de 1845, Schoo pidió ayuda a Rosas para interceder ante autoridades provinciales, ya que una tropa de carretas que venía de Tucumán con doña Isabel Millán (prima hermana de su esposa Benicia Reboredo Roca) fue asaltada por indígenas, quienes capturaron a sus hijas, Jacoba y Mercedes Fervor Millán. Ambas fueron rescatadas meses después en Córdoba.

Problemas y logros en la estancia

El 1° de septiembre de 1846, Schoo detalló la dotación de personal de la estancia, que incluía domadores, puesteros y quinteros. Se lamentó de la escasez de mano de obra local y relató que algunos peones gallegos contratados maltrataban a los animales y dañaban las herramientas; algunos incluso fueron apresados por robo. Para actividades específicas como la yerra o el rodeo, se requería contratar peones con su propia tropilla, y no se permitía el trabajo gratuito ni el uso de caballos ajenos.

La estancia incluía varios puestos: San Miguel, San Antonio, San Pablo, San Juan, San Pedro y Recoleta. Con preocupación, notificó sobre la cantidad de hacienda ajena que frecuentemente pastaba en su campo, sumando un total de 7750 animales, incluyendo ganado de vecinos como José M. Ezcurra e Ignacio Castillo.

Las carretas que transportaban mercancía a San Martín regresaban a Palermo con productos como frutas, huevos (tanto de gallina como de avestruz), charitos y plumas de pavo real, animales que Rosas había solicitado que se criaran en los puestos.

Después de su paso por la Estancia San Martín, Schoo arrendó el campo de Francisco Álvarez en Moreno, que estaba destinado a la ganadería, y posteriormente se trasladó a Pergamino. En 1861Estancia “La Benicia”. Dionisio Schoo Villafañe falleció en Buenos Aires el 21 de septiembre de 1889.

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