Celebración del Día de San Sebastián: Historia y Oración

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El Día de San Sebastián

La festividad de San Sebastián se conmemora cada 20 de enero en la Iglesia Católica, honrando al mártir cristiano que simboliza los valores de fuerza, fe y coraje. Este acontecimiento tiene sus raíces en el siglo II d.C., durante la época del Imperio Romano, y con el transcurrir de los años, San Sebastián se ha convertido en el patrón de los arqueros, soldados y atletas. Por ello, es habitual dirigirse a él en busca de protección contra la peste y los enemigos.

Celebraciones en el mundo

Este mártir es honrado en diversas partes del mundo. En Argentina, se celebra la Fiesta de San Sebastián en la localidad de Las Ovejas, en la provincia de Neuquén, donde las festividades se desarrollan anualmente entre el 11 y el 20 de enero. Las celebraciones dan inicio con la Novena, seguida por la velación del Santo la noche del 19 de enero, y culminan el 20 de enero con una procesión que lleva la imagen de San Sebastián en la mañana, finalizando con un asado popular ese mismo día.

La historia de San Sebastián

De acuerdo a información proporcionada por la Agencia Católica de Informaciones – ACI Prensa, Sebastián de Milán nació en el año 256 en Narbona, que pertenecía al Imperio Romano y hoy forma parte de Francia. Proveniente de una familia noble, se dedicó a la carrera militar y fue nombrado jefe de la cohorte de la guardia imperial romana, un cargo destacado que lo hizo conocido, incluso entre figuras como Maximiano, el emperador de la época. A pesar de cumplir con sus funciones, Sebastián se negó a participar en sacrificios idolátricos, demostrando su dedicación a la fe cristiana al visitar a los prisioneros de su religión.

Como resultado, Maximiano lo desafió a elegir entre sus deberes y su fe, en un intento de hacerle renunciar. Sin embargo, Sebastián se mantuvo firme en sus convicciones y fue condenado a morir, atravesado por saetas, un tipo de flecha antigua. Para sorpresa de sus amigos, el joven logró sobrevivir a esta tortura y fue llevado en secreto a casa de una noble cristiana romana, Irene, quien lo asistió en su recuperación.

A pesar de los consejos de sus allegados para que huyera, Sebastián decidió no ocultar su devoción por Cristo y se presentó valientemente ante Maximiano, quien lo había dado por muerto. En esta confrontación, le reprochó la persecución a los cristianos, pero fue condenado de nuevo a morir. Posteriormente, sus amigos lo enterraron en la Vía Apia, en una catacumba que lleva su nombre.

Oración a San Sebastián

Según señala la ACI Prensa, la siguiente es la oración que se puede rezar pidiendo la intercesión de San Sebastián en cualquier necesidad:

Glorioso San Sebastián,
que alcanzaste de Dios tanta fe y caridad,
que llegaste a sacrificar tu vida
por obedecer a Dios y socorrer fielmente
a tus hermanos cristianos.
Ahora que vives junto a Dios,
escucha las plegarias y súplicas
de los que te invocan con gratitud, fe y devoción,
y acuden a ti desde los campos,
pueblos y ciudades.

Mártir de Cristo,
alcánzanos de Dios que,
confesando nuestra fe,
acojamos el Reino anunciado por Jesucristo
con verdadero espíritu de penitencia
y vivamos como hijos de Dios.

Que nuestros hogares sean verdaderos templos de amor,
donde florezca la santidad, reinen el bienestar,
la alegría y la paz.
Que en nuestro trabajo reinen la justicia y la concordia.

Líbranos de todo egoísmo y maldad
para que, fraternalmente unidos,
vivamos en esta hermosa tierra que Dios nos ha dado
de acuerdo con los valores del Reino:
especialmente la verdad, la justicia y el amor.

San Sebastián mártir glorioso,
lleva nuestros ruegos ante Dios
y concédenos tu especial intercesión
para que podamos obtener lo que aquí pedimos:
(Hacer tu Petición)

San Sebastián, atiende nuestras plegarias,
ayúdanos a conseguir lo que solicitamos
y danos fuerza y confianza,
para que siguiendo tu ejemplo de fe, esperanza y caridad
podamos alcanzar la vida eterna
que Jesús promete a los que perseveran hasta el fin
y para que bajo la protección de María,
nuestra Madre, lleguemos a Él,
fuente de eterna felicidad.
Amén.

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