Conmemoración de 154 años del asesinato de Felicitas Guerrero: el primer caso de femicidio que la elite de Buenos Aires intentó ocultar
Un crimen que sacudió a la sociedad porteña
Felicitas Guerrero, una joven de tan solo 24 años, fue asesinada por su pretendiente Enrique Ocampo, en un hecho que reveló la violencia de género en la sociedad del siglo XIX. Ocampo, dolido por el rechazo de Felicitas, le disparó en su hogar en Barracas justo cuando ella iba a anunciar su compromiso con Samuel Sáenz Valiente. Este suceso ha sido ampliamente considerado como uno de los primeros casos de **femicidio** documentados en Argentina.
Las circunstancias del crimen y su legado
El asesinato ocurrió el 30 de enero de 1872. Tras el ataque, Felicitas murió varias horas después de agonizar, mientras que Ocampo apareció muerto poco después del crimen, ya sea por suicidio o por acción de familiares de la víctima, una teoría que ha persistido a lo largo de los años. El brutal asesinato impactó profundamente a la sociedad argentina de la época, no solo por su naturaleza violenta, sino también debido al estatus social de los implicados.
Felicitas Guerrero: vida y tragedia
Felicitas había nacido el 26 de febrero de 1846 en el centro de Buenos Aires y se había casado a los 18 años con Martín Gregorio de Álzaga, un hombre significativamente mayor, quien falleció junto a sus hijos debido a tragedias familiares. Su muerte la convirtió en la heredera de una considerable fortuna, lo que le otorgó una posición inusual como mujer con poder en un contexto patriarcal. A pesar de su belleza y elegancia, la sociedad no estaba acostumbrada a reconocer su capacidad de decisión.
El regreso al amor y el veto de la obsesión
Después de lidiar con la muerte de su esposo e hijos, Felicitas comenzó a enamorarse de Sáenz Valiente. Su historia de amor se encontraba en desarrollo cuando Ocampo, un antiguo pretendiente, se volvió cada vez más violento ante la amenaza que su nuevo compromiso representaba. El día del asesinato, mientras Felicitas organizaba su próxima boda, Ocampo irrumpió en su casa y, tras un intercambio violento, disparó contra ella.
Reacciones y memoria colectiva
El asesinato de Felicitas Guerrero provocó una gran conmoción social. Su funeral fue multitudinario y su muerte se transformó en un símbolo de la violencia de género en un periodo donde las mujeres no podían ejercer libremente sus decisiones. La familia de Felicitas, en un intento por honrar su memoria, decidió construir la Iglesia de Santa Felicitas en el lugar donde ocurrió el crimen. Este templo se convirtió en un lugar de culto y en un símbolo de resistencia.
Una leyenda urbana perdurable
A lo largo de los años, la figura de Felicitas ha sido objeto de leyendas urbanas que aseguran que su espíritu podría rondar la iglesia. Muchas mujeres visitan el templo para buscar amor, justicia o consuelo, conectándose a través de su memoria y su sufrimiento. La vida de Felicitas ha sido llevada al cine, siendo retratada en un filme de Teresa Costantini, donde se dramatizan aspectos de su historia.
Hoy en día, la Iglesia de Santa Felicitas no solo es un edificio histórico, sino un espacio donde la memoria de un femicidio del siglo XIX sigue viva, simbolizando tanto el sufrimiento como la lucha por la justicia en la sociedad moderna.
