La asombrosa experiencia de un aficionado inglés en la Bombonera

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La mística de la Bombonera

La Bombonera, casa de Boca Juniors, es considerada un templo sagrado del fútbol argentino, y su fama resuena en todo el mundo. El distintivo diseño en azul y oro, el fervor de sus hinchas y la rica historia que alberga hacen de este estadio un lugar de culto para los amantes del deporte. Como apasionado del fútbol, asistir a un partido de Boca Juniors estaba entre mis principales deseos al llegar a Buenos Aires desde Inglaterra.

Así, el 5 de octubre, me encontré, casi incrédulo, en la Bombonera, rodeado de aficionados de uno de los clubes más emblemáticos del mundo. Con el estallido de fuegos artificiales y una explosión de humo azul y oro que anunciaba el inicio del encuentro, supe que estaba en Argentina.

La pasión en las gradas

Acompañado por un océano de hinchas eufóricos, no tardé en experimentar mi primer gol del fútbol argentino. Apenas seis minutos después del inicio del juego, un cabezazo de Milton Giménez desató el delirio en las tribunas. Boca se ponía en ventaja 1-0, lo que incrementó mi entusiasmo con la alegría desbordante del público presente.

Debo admitir que me costó entender las letras de los cánticos que resonaban con fuerza, pero lo que más me impresionó fue la inmensa variedad de canciones. La hinchada de Boca tiene un repertorio único que acompañó todo el partido y que culminó, al final, con el clásico grito de ‘Dale, dale Boca’ resonando en mi mente mientras regresaba a mi departamento.

Una experiencia inolvidable

Sin embargo, uno de los recuerdos más significativos de mi visita a la Bombonera quedó grabado de forma indeleble en mi memoria. Desde mi ubicación, observé a muchos hinchas que cantaban y bailaban en un foso, mirando hacia nosotros, sin atención al encuentro. Supuse erróneamente que, con el inicio del partido, encontrarían sus posiciones para ver la acción.

Sin embargo, cada vez me sentía más confundido al observar que estos aficionados no prestaban atención al juego. Poco a poco, me di cuenta de que su enfoque estaba en liderar interminables cánticos. Una figura en particular llamó mi atención: un hombre que irradiaba energía y cuya sonrisa reflejaba la verdadera pasión por su equipo.

A pesar de no poder ver muchos de los goles de Boca, su celebración era contagiosa. Cada vez que su equipo anotaba, sus saltos y la intensidad de su celebración se multiplicaban, creando un frenesí en el estadio, especialmente cuando Boca aplastó a Newell’s con un contundente marcador. Esta demostración de confianza en los demás hinchas cristalizaba un sentido de comunidad profundamente arraigado en la Bombonera.

Diferencias culturales en el fútbol

Aunque no sería justo afirmar que la fiesta supera al fútbol en Argentina, hay marcadas diferencias en comparación con los partidos de mi país. A menos que estés participando en el famoso ‘Poznan’, una celebración vinculada al Manchester City, es casi inaudito no prestar atención al partido en Inglaterra.

Desde joven, se me habló maravillas sobre la hinchada argentina. Recuerdo leer revistas inglesas que listaban los mejores estadios del mundo, donde la Bombonera siempre estaba en los primeros puestos. Así que recorrer Boca antes del partido, luciendo una camiseta de Juan Román Riquelme y disfrutando de un choripán y cervezas entre los locales, fue algo increíble. Sin duda, fue una manera perfecta de introducirme en el fútbol de este continente. ¡Qué fortuna tuve de poder presenciar ese partido! La energía que sentí junto a mis amigos en las tribunas será un recuerdo perdurable.
Ahora, la frase ‘La Mitad Más Uno’ cobra todo su significado. La entrega constante de Boca al atacar la portería de Newell’s dejó eso más que claro.

Barney Blackburn, de 21 años, es un hincha del Crystal Palace de Inglaterra. Estudia periodismo en la Universidad de Cambridge.

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