La salida de Gallardo de River: el trasfondo de una decisión difícil

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Un contexto complicado

Durante el segundo tiempo del partido contra Vélez, Marcelo Gallardo se posicionó frente al banco de suplentes, aunque su mente ya no estaba presente como director técnico de River Plate. A pesar de estar físicamente allí, tenía las manos en los bolsillos y contemplaba realizar un cambio en el intento de igualar el marcador, mientras sus pensamientos vagaban en otra dirección. Era paradójico que quien había hecho de «creer» su lema, ya no confiaba en su propio equipo, sintiendo una mezcla de furia y resignación.

La charla decisiva

Se comenta que, en el entretiempo, los gritos resonaron en las paredes del vestuario, resultado de un rendimiento desalentador en la primera parte del encuentro, que Gallardo también evaluó como un saca técnico. La reacción del equipo en la segunda mitad fue un espejismo, alimentado por un sentido de verguenza deportiva y el cansancio del adversario. A pesar de que River logró igualar 1 a 1, se hizo evidente que recuperar a su líder sería una tarea difícil.

Tras otra dolorosa derrota, Gallardo decidió suspender la conferencia de prensa, expresando en voz baja su descontento a un allegado: “No veo respuestas”, mientras saludaba individualmente a los jugadores. Poco después, se difundió la notoria solicitud de “24 horas para reflexionar”, período que utilizaría para determinar si dejaría oficialmente el club en la sexta fecha del torneo local. Gallardo sintió que había agotado su última oportunidad, una que había ganado con su prometedora historia en el club.

Un legado imborrable

Nadie podrá restarle mérito a Gallardo. Se convirtió en ídolo no solo por su papel como entrenador, sino también por ser un futbolista valioso y querido por la afición. En el pasado, los jóvenes compraban camisetas de otros ídolos como Enzo Pérez y Burrito Ortega; ahora, lucen la corbata que él adoptó al estilo de Labruna. El próximo jueves, el amor que recibió a lo largo de su carrera se renovará, recordando su triunfo ante Boca en la final de Madrid.

A pesar de ser riguroso y exigente, Gallardo reconoce que en su segundo ciclo al mando del club no logró alcanzar los resultados esperados: no ganó ninguno de los 10 títulos disputados, lo que incluye la eliminación en la Libertadores 2026. Las estadísticas son desalentadoras: River no pudo ganar ninguno de los 19 partidos en los que comenzó perdiendo 1-0. La falta de carácter del equipo contrasta con su propia filosofía.

Análisis de la situación del plantel

Desde la aplastante derrota ante Palmeiras en el Monumental, River ha caído ante varios equipos, reflejando la falta de liderazgo, evidenciada por la diferencia entre los actuales capitanes y los anteriores referentes como Ponzio y Enzo Pérez. “Hoy no hay uno que entre pateando las puertas en el vestuario”, afirmaba alguien familiarizado con el interior del plantel. A su regreso, Gallardo había desembolsado 85 millones de dólares, con la expectativa no solo de mejorar el balance económico, sino de colmar el anhelo de los hinchas con títulos. Sin embargo, la realidad ha demostrado que los intentos por reestructurar la plantilla no han tenido el éxito esperado.

La trayectoria de jugadores como Driussi y Colidio no ha cumplido con las expectativas, y la desesperanza ha llevado a Gallardo a confiar en un jugador de la reserva en el momento decisivo. Tras comunicar su decisión a Stéfano Di Carlo, el nuevo presidente, la charla con los jugadores se tornó crucial. Con un tono reflexivo, motivó al equipo a superar esta dura etapa. A medida que el próximo entrenador se perfila (los nombres de Chacho Coudet, Crespo y Gaby Milito están en la lista), Gallardo grabó un mensaje oficial que reflejó su dolor, agradecimiento a los hinchas y crecimiento institucional, pero omitiendo menciones a los jugadores.

Finalmente, se despidió con un gesto hacia el corazón, marcando el cierre de un ciclo. Ya era el momento de transformarse nuevamente en una estatua.

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