La transformación de las verdulerías en mini supermercados
Un nuevo modelo de negocio en las veredas porteñas
Las tradicionales verdulerías de Buenos Aires están experimentando un notable cambio, ya que los cajones repletos de frutas y hortalizas ahora se complementan con góndolas que ofrecen fideos, arroz, aceites y panes. Además, las heladeras exhiben refrescos y cervezas, mientras que las bandejas están llenas de ensaladas listas para consumir, licuados naturales y hasta sopas calientes en vasos para llevar. Sin embargo, esta transformación no es homogénea; todavía persisten los negocios tradicionales donde el trato es cercano. No obstante, la imagen del verdulero pidiendo que no se toque la mercancía se convierte en un recuerdo del pasado.
Estrategias de adaptación y diferenciación
La clásica verdulería de barrio se está reinventando: algunas se están convirtiendo en pequeños almacenes, otras eligen el autoservicio, y algunas buscan destacarse ofreciendo productos frutihortícolas listos para consumir o adhiriéndose a una estética más cuidada. Cada local prueba su propia fórmula para sobrevivir en un contexto de creciente competencia y desafíos económicos.
A pesar de la falta de estadísticas oficiales, comerciantes y expertos coinciden en observar un incremento en la cantidad de verdulerías en la ciudad, con nuevos locales establecidos a escasa distancia unos de otros. Muchos vecinos aplauden este cambio y la comodidad que brinda. Una cliente de Caballito comentó: «Acá encuentro todo lo que necesito sin tener que ir al súper». Otra vecina de Recoleta agregó: «Llego tarde de trabajar y tener una ensalada lista para comer es una salvación».
Causas del cambio
Las explicaciones por parte de los comerciantes son diversas. Algunos indican que este cambio comenzó durante la pandemia, cuando surgió la necesidad de soluciones cercanas; otros lo hicieron en medio de crisis económicas que elevaron costos y pérdidas de mercancía; muchos respondieron a las demandas de los clientes o a la presión de la competencia. Mariano Winograd, consultor frutihortícola, señala que este fenómeno se debe a tendencias más amplias en el comercio minorista: «Hoy conviven distintos modelos de verdulería: las que suman productos de almacén, las que se manejan como autoservicio y otras que buscan agregar valor con elaboraciones listas para consumir».
Experiencias de reconversión
En Palermo, Hilaria y su esposo Grover han adaptado su negocio, que ahora no solo ofrece frutas y verduras, sino que también incluye productos dietéticos, bebidas y artículos de almacén. Grover menciona: «Tuvimos que sumar más productos para que nos rinda el negocio». A pocas cuadras, Eli, quien lleva más de diez años en el rubro, comenzó a diversificar su oferta hace cuatro años, incluyendo una variedad de productos que la clientela le solicitaba.
Alejandro, con 17 años en el negocio, sostiene su tienda familiar con confianza, mientras que en Constitución, Claudio recuerda que la pandemia fue un momento decisivo para diversificar su oferta después de enfrentar precios altos y pérdidas de productos. «La verdura sigue siendo inevitable, es nuestro fuerte, pero para no perder tuvimos que diversificar», explica.
Resistencia y evolución del rubro
La Cámara Argentina de Comercio señala que no se cuentan con registros actualizados, pero estima que en 2018 había aproximadamente 2.400 verdulerías en la ciudad, y las cifras actuales podrían ser significativamente mayores. El aumento en la cantidad de estos comercios tiene múltiples causas: pandemia, inflación, competencia y peticiones de los clientes.
Estos cambios en las verdulerías han dado lugar a un fenómeno similar al de los maxikioscos, donde los negocios han ampliado su surtido y han aprovechado su ubicación para ofrecer más productos. Sin embargo, no todas las estrategias se centran en agregar productos, algunas apuestan por diferenciación y valor agregado, como ensaladas preparadas o productos innovadores, que buscan adaptarse a las necesidades del cliente en un mundo donde el tiempo es un recurso limitado.
Winograd destaca que el vínculo entre el cliente y el verdulero tiene una dimensión social invaluable, mencionando que en estos locales hay interacción y diálogo, lo que los diferencia de otros comercios. Para muchos, como Lucía, visitar una verdulería y elegir personalmente lo que se va a comprar es aún irremplazable por las opciones digitales.
