Los monos pueden crear arte abstracto, pero hay diferencias clave con los humanos
Un análisis del arte abstracto y su autoría
Cuando se visita una galería de arte abstracto, es común escuchar comentarios como «esto lo hace un mono». Esta afirmación parece tener sentido: si una obra no representa algo reconocible, cualquiera podría crearla. Sin embargo, investigaciones recientes indican que esta intuición es errónea. Al observar detenidamente, es posible diferenciar si una pieza abstracta fue realizada por un ser humano o por un animal, incluso sin poder explicar cómo llegamos a tal conclusión.
Identificando la intención detrás de las obras
Esto suscita una pregunta interesante: ¿qué señales visuales nos permiten identificar la intención en composiciones de trazos y manchas? Para abordar esta cuestión, realizamos un estudio donde recopilamos diez pinturas abstractas creadas por personas sin formación artística formal y diez elaboradas por chimpancés, extraídas de la colección Schretlen, proporcionada por el museo de historia natural NATURALIS en Leiden, Países Bajos. Las obras fueron presentadas a voluntarios, quienes debían determinar si cada imagen provenía de un humano o de un chimpancé.
Las imágenes se mostraron en dos versiones: originales y digitalmente modificadas para igualar color y textura, eliminando así pistas superficiales. Aún así, los participantes lograron identificar la autoría correcta por encima del azar en ambos casos, sugiriendo la existencia de una «firma humana» reconocible incluso en obras no profesionales.
Explorando patrones y preferencia
Para profundizar en esta investigación, realizamos un segundo estudio. Un grupo distinto de participantes evaluó las veinte obras en función de varios criterios: intencionalidad, equilibrio, complejidad y organización, además de indicar su nivel de gusto por cada pieza. Las obras humanas recibieron mejores calificaciones en todas las categorías, excepto en complejidad. Aunque no eran necesariamente más cargadas, sí se percibían como más equilibradas y organizadas, lo que transmitía una mayor sensación de propósito.
Los investigadores encontraron conexiones claras entre la intencionalidad y las características estructurales de las obras, mostrando que, cuando una composición está bien distribuida y formulada, la interpretamos como el resultado de una mente humana. Esto pone de manifiesto nuestra tendencia natural a buscar patrones y a detectar señales de intención en cualquier disposición.
Implicaciones del estudio
Otro hallazgo del estudio es la relación entre intencionalidad y preferencia: las obras que parecían más deliberadas también eran las que más gustaban, sugiriendo que estamos predispuestos a valorar positivamente los patrones que creemos que fueron creados por otros humanos. Así, el estudio desafía la percepción común de que el arte abstracto es solo un concurrido de manchas al azar. Si bien puede parecer caótico a primera vista, estas obras suelen contener elementos de equilibrio, estructura y organización que interpretamos como señales de una mente creativa detrás de ellas.
No obstante, este descubrimiento no implica que cualquier persona pueda emular a un gran artista. Las comparaciones se limitan a obras de personas sin formación con dibujos espontáneos de chimpancés. Sin embargo, apunta a que incluso en niveles básicos de producción artística, se puede detectar un sello humano enfatizando una forma particular de agrupar las marcas que transmite intención.
Reflexiones finales sobre el arte y la creatividad
El hallazgo también contribuye a comprender por qué persiste el debate sobre la naturaleza del arte. Parte de esta discusión radica en nuestra búsqueda de intención en las imágenes, asignando significado y valor cuando la percibimos, y atribuyéndolos a niños o animales cuando no. Aún sin darnos cuenta, nuestro cerebro es capaz de discernir patrones formales asociados con la acción humana.
En conclusión, este estudio demuestra claramente que ciertas características formales, como el equilibrio y la organización, interactúan para suscitar la impresión de intencionalidad en una obra. Esto a su vez nos permite identificar qué piezas son humanas, incluso cuando sus creadores no son artistas formales y sus obras son abstractas. La próxima vez que escuchemos «esto lo pinta mi perro», recordemos que incluso los garabatos más simples llevan la huella de una mano humana.
