Luz María Santana, la joven cordobesa que hizo historia en el Aconcagua

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Un hito en la montaña más alta de América

El Aconcagua, ubicado a 6962 metros sobre el nivel del mar, presenta un entorno donde el oxígeno es escaso y los vientos pueden desafiar hasta las mayores determinaciones. En medio de este paisaje inhospitalario, Luz María Santana, una joven originaria de la localidad de La Cumbre, en Córdoba, ha encontrado su lugar y, más importante aún, ha saboreado el cumplimiento de sus sueños. Con solo 26 años, se estableció como la mujer más rápida en ascender y descender del pico más elevado de América, completando la hazaña en un impresionante tiempo de 7 horas y 35 minutos (6 horas y 6 minutos para llegar a la cima y 1 hora y 29 minutos para descender), superando el anterior récord de 8 horas y 17 minutos establecido por la checa Lenka Poláčková.

El inicio de una pasión

La conexión de Luz con las montañas inició mucho antes de su récord. Comenzó su formación como Guía de Montaña en el Instituto Superior Arturo Umberto Illia, en Villa Carlos Paz. Allí, ella y muchos de sus compañeros soñaban con dejar su marca en el imponente coloso americano. «La idea de trabajar como porteadora nació desde el primer año de estudios en la carrera de guía. Era algo que siempre conversábamos», recordó Luz.

Este trabajo no solo ofrecía la oportunidad de vivir una temporada en la altura, sino que también garantizaba una notable mejora física al aclimatarse a la altitud durante períodos prolongados. «Era una oportunidad única de terminar la temporada laboral y luego escalar montañas en forma particular», expuso.

La vida de una porteadora

El rol del porteador es crucial en cada expedición. «Un porteo normal implica cargar 20 kilogramos de equipo de los clientes, pero el peso a menudo supera un poco esa carga, sumando el propio equipo personal, como mochilas, hidratación y ropa adecuada», explicó Luz. Con este peso, ella se dirige a importantes campamentos como Plaza Canadá y Nido de Cóndores, enfrentando jornadas extenuantes que incluyen tanto ascensos como descensos.

«El trabajo de un porteador difiere del de un guía, ya que implica trasladar las cargas de los clientes entre el campamento base y los campamentos de altura», detalló. A pesar de las condiciones severas de su labor, Luz ha encontrado su lugar en la montaña y asegura que, a medida que se asciende, lo que antes se sentía extraño se transforma en un hogar confortable.

Desafiando estereotipos

Cuando se le cuestionó sobre la experiencia de ser una mujer en un campo históricamente dominado por hombres, Luz comentó que aunque no ha sentido la diferencia de género con la misma intensidad que se reportaba en el pasado, la comparación entre mujeres y hombres puede ser un desafío.»Siento que, aunque es biológicamente complicado estar a la par, cada uno puede aportar desde sus fortalezas. Si se respetan esas diferencias, la convivencia en el ambiente de montaña puede ser excepcional».

Un nuevo récord en el horizonte

En la temporada 2024-2025, mientras trabajaba, sus compañeros comenzaron a notar que sus ritmos eran excepcionales. «Mis compañeros me alentaron a intentar romper el récord, lo que despertó en mí una chispa competitiva», confesó. El 22 de febrero de 2025, Luz logró llegar a la cumbre en 6 horas y 6 minutos, seguido por un descenso en 1 hora y 29 minutos. Así, logró completar ambas etapas en 7 horas y 35 minutos.
«La felicidad fue inmensa, logrando que el récord femenino del Aconcagua quedara para Argentina es algo maravilloso», agregó.

El futuro de Luz

Actualmente, Luz María se prepara para un nuevo desafío, con la intención de superar su propia marca en febrero, coincidiendo con el cierre de la temporada. «Siento que soy diferente, quizás con más confianza personal», reflexionó. Con determinación y una visión clara de sus objetivos, Luz continúa su camino, erigiéndose como un referente de esfuerzo y dedicación, recordando que su verdadera fortaleza radica no solo en el peso que carga, sino en su aspiración por realizar sus sueños.

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