Navidad: el arte de convertirse en un payaso de hospital en Argentina

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La historia de Fortaleza

Fortaleza es un payaso hospitalario que se presenta como una clown alegre, aunque también muestra signos de inseguridad. Su deseo más grande es cuidar a quienes ama, a pesar de sus propios temores. Vanina Sánchez, estudiante en formación para convertirse en payaso de hospital, comparte que su objetivo primordial ha sido ayudar a otros desde una edad temprana.

Después de completar su formación como psicóloga y especializarse en el tratamiento de niños y adolescentes, Vanina se decidió a explorar el mundo del clown. “Mientras navegaba por Instagram, vi un video donde niños en hospitales se reían sin parar. Fue un flechazo instantáneo y supe que quería ser parte de esto”, relata.

Se inscribió en un seminario introductorio sobre el trabajo de payaso de hospital, un campo hasta entonces desconocido para ella. La jornada fue dirigida por las directoras de la ONG Alegría Intensiva, y queda tan cautivada que se anotó para formarse como clown de hospital.

El proceso de formación

En su primer año de formación, Sánchez explica que ha aprendido a conectar con el juego y su niñez. “Esto me ha permitido deshacerme de las barreras mentales y conectar con mi cuerpo y emociones”, señala. A pesar de que su trabajo como payaso de hospital está bien difundido a través de diversas ONGs y voluntarios, quienes ejercen esta labor se caracterizan por utilizar el arte clown para brindar alegría, reducir el miedo y mejorar la experiencia en el hospital.

La ONG Alegría Intensiva, pionera en Argentina en esta labor, fue fundada por Mariano Rozenberg y Andrés Kogan, quienes se inspiraron en modelos de Brasil y España. “Mariano me contactó para ofrecerme este proyecto que une arte y hospitales. Me pareció increíble”, comenta Irene Sexer, directora del Centro de Formación de la ONG.

La evolución de la ONG

Hace aproximadamente 17 años, Alegría Intensiva inició sus actividades en el Hospital Garraham con un equipo de cinco artistas. Actualmente, ese número ha crecido a 25 miembros en el staff permanente y 80 alumnos en formación, trabajando en los principales centros pediátricos de Buenos Aires.

Los estudiantes, como Sánchez, realizan prácticas y observaciones tras cuatro años de capacitación, donde aprenden el lenguaje del juego que utilizan los niños. Los payasos del staff visitan los hospitales dos veces por semana, interactuando en salas de espera y de internación sin un espectáculo preparado, utilizando la improvisación para conectar y jugar con los niños.

La experiencia de Vanina

Recientemente, Sánchez llevó a cabo su primera práctica en el hospital, donde emocionada presentó a Fortaleza. “No fue un camino fácil llegar aquí”, admite. Uno de los momentos más significativos en su formación fue la ceremonia simbólica donde cada estudiante recibe su nariz de payaso, afirmando su identidad clown.

La diversión y el desarrollo personal, dice, no solo se experimentan en las prácticas hospitalarias, sino también a través del compañerismo en el entrenamiento. “Realizamos actividades como hablar a nuestro niño interior, lo que nos ayudó a integrar nuestras vivencias”, comparte.

Vestida con una pollera larga con lunares y flores amarillas, junto a unos zapatos brillantes y su nariz roja, Fortaleza salió al mundo, acompañada por su profesora Romina Amato, conocida como Perla. Juntas vivieron la magia de crear sonrisas en los demás. En un entorno donde los niños enfrentan situaciones difíciles, Perla y Fortaleza lograron desligarse de sus intérpretes para concentrarse en el juego. “Me conecté plenamente con la alegría de jugar”, explica Vanina.

Finalmente, Irene Sexer aclara que no es necesario tener experiencia previa en clown para trabajar como payaso de hospital. “Son cuatro años de formación y las prácticas profesionales comienzan en el último año”, concluye.

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