Nueve Indicadores para Reconocer una Amistad Tóxica y Estrategias para Alejarse
Identificando Amistades Tóxicas
La distancia geográfica entre amigos solía ser un obstáculo menor. Problemas como salir con la misma persona, olvidar cumpleaños o tener diferencias en creencias políticas y religiosas se sobrellevaban sin dificultad. Sin embargo, cuando Carmen se enteró, a través de las redes sociales, que su amiga Julieta había organizado una cena de fin de año y no la había invitado, se sintió sumida en un profundo malestar, una mezcla de desconcierto y desilusión. La conexión que una vez compartieron, llena de conversaciones diarias, risas y crisis, ahora parecía desvanecerse. Lo más doloroso no era la falta de explicación, sino la realidad de que su amistad había llegado a su fin.
El Duelo de una Amistad
Las rupturas amistosas no siempre son reconocibles y a menudo carecen de la teatralidad de una relación amorosa; en muchos casos, son silenciosas y progresivas, transformándose en una norma que elimina la posibilidad de un reencuentro. Según Macarena Gavric Berrios, psicóloga clínica, la pérdida de una amistad suele ser incluso más intensa que aquella que conlleva una ruptura amorosa. «Es un dolor especialmente profundo porque las amistades están cimentadas en una intimidad elegida y no reglada que las hace auténticas pero también vulnerables al vacío una vez que se terminan». Gabriela Gavric explica que, en una amistad significativa, depositamos vulnerabilidad, confianza y parte de nuestra identidad, haciendo que su pérdida se sienta como la transformación de nuestra propia narrativa.
Expectativas Socioculturales
A menudo, se sobreentiende que la amistad debe ser incondicional y estable, como sugieren expresiones populares. Esta idealización puede llevar a las personas a esperar más de una amistad que de una relación amorosa, creando desilusión y desconcierto cuando la amistad entra en crisis.
Además, existe una falta de reconocimiento social en el duelo por la pérdida de una amistad, lo que agrava el sentimiento de soledad. La neuropsicóloga Cynthia Zaiatz sugiere que las personas tienden a priorizar sus relaciones de pareja, dejando a un lado la amistad. Sin embargo, en una ruptura, carecemos del discurso y de la estructura social que acompaña a una relación romántica.
Etapas del Duelo en Amistades
El proceso de afrontar la pérdida de una amistad se asemeja al duelo tras una relación amorosa y está dividido en cinco etapas:
- Impacto y desconcierto: Reconocimiento de que la amistad ha terminado.
- Negación o idealización: Pensamientos del tipo «fue un malentendido».
- Tristeza: Sensaciones de nostalgia y vacío.
- Enojo: Frustraciones sobre el comportamiento de la otra persona.
- Aceptación: Revisión de la identidad personal tras la pérdida.
Causas Comunes de Ruptura
Los estudios en psicología han demostrado que las rupturas de amistad usualmente no son provocadas por conflictos significativos, sino por una disolución gradual. Algunas causas más citadas incluyen:
- Cambios en valores o estilos de vida: Transiciones como la maternidad o nuevos trabajos que alteran prioridades.
- Dinamicas poco saludables: Relaciones caracterizadas por la dependencia o manipulación.
- Conflictos puntuales: Traiciones o momentos cruciales sin apoyo.
- Comunicaciones evitativas: La acumulación de tensiones que impide la resolución de conflictos.
- Expectativas incompatibles: Diferencias en la necesidad de cercanía y atención.
Estrategias para Sanar
Frente al cierre de una amistad, es fundamental validar los sentimientos de pérdida. Reconocer y aceptar el dolor es el primer paso hacia la sanación. Algunos recursos propuestos incluyen:
- Nombrar el dolor sin minimizarlo.
- Escribir cartas no necesariamente para enviar.
- Redefinir redes de apoyo con amistades que sean positivas.
- Practicar el autocuidado y fomentar actividades que ayuden a reconstruir la identidad.
Reconciliaciones y Nuevas Oportunidades
Las expertas advierten que, aunque es posible una reconciliación, debe basarse en el reconocimiento mutuo de los errores y un compromiso real de ambas partes. No hay garantías de que la amistad vuelva a ser como antes, y muchas veces, requiere establecer un nuevo tipo de vínculo que refleje el crecimiento individual de cada persona.
Finalmente, como reflexiona María Gimena Nasimbera, la amistad no solo es un espacio para compartir y conectar, sino también una oportunidad de crecimiento personal y espiritual, en la que cada individuo puede mostrarse auténticamente, sin máscaras. El vínculo auténtico es aquel donde ambos pueden crecer, ampliando su mundo interior.
