Epecuén: Cuarenta años de la inundación y el recuerdo de un pueblo sumergido
Recuerdos de un pasado inundado
Villa Epecuén se erige como un testimonio vívido de que incluso en medio del caos puede haber hermosura y magia, entrelazadas con melancolía y heridas que aún no cicatrizan. Situado en el partido bonaerense de Adolfo Alsina, este pueblo llegó a contar con 1500 habitantes y dos líneas de tren que facilitaban su conexión. Durante los veranos, acogía a aproximadamente 25.000 turistas, atraídos principalmente por las propiedades curativas y la salinidad comparable a la del Mar Muerto.
Sin embargo, el destino del pueblo cambió drásticamente el 10 de noviembre de 1985, cuando el Lago Epecuén inundó por completo la localidad. Esta catástrofe fue provocada por una sudestada que rompió el terraplén de contención, lo que obligó a evacuar el área. Algunos de los evacuados se fueron con la esperanza de regresar, mientras que otros reconocieron que eso jamás ocurriría. A finales de la década de 1980, una sequía severa afectó a las lagunas de la región, afectando gravemente a la economía local, especialmente a la pesca del pejerrey.
Inundación y olvido
Durante este tiempo, los productores locales solicitaron al gobierno obras hídricas para inyectar agua del Río Salado. La única medida concreta fue la construcción del Canal Ameghino, cuya apertura solo exacerbó la situación. Las lagunas prontamente se desbordaron, y para desviar el exceso de agua se construyeron canales ilegales. Todo este flujo terminó en Epecuén, que no tenía forma de desagüe natural, lo que llevó a que la población quedara a merced del agua, que sumergió la villa turística a una profundidad de siete metros. A pesar de no haber pérdidas de vidas humanas, los residentes lo perdieron todo. La ciudad permaneció bajo el agua hasta 1993.
La magia de las ruinas
Con el paso del tiempo, las aguas se retiraron y las ruinas comenzaron a atraer a numerosos visitantes. Hablando sobre el renacer de Epecuén, Viviana Castro, guardaparque de la Reserva Natural, Histórica y Cultural Laguna Epecuén, expresó: «A mí Epecuén no me provoca tristeza, eso fue en su momento». A sus 20 años y con un hijo pequeño, Viviana fue testigo del avance implacable del agua sobre su hogar, un recuerdo que permanece vívido en su mente. Durante aquellos días, la adrenalina abrumaba sus sentidos, y compartió un consejo de su padre que quedó grabado en su memoria: «Usa botas de goma». Afirmó que durante esos días estuvo en cualquier lugar con su calzado de goma, lo que le causó ampollas por el clima caluroso y la humedad.
Viviana relató cómo su padre, al ver la situación, le comunicó con una mirada el presagio de su inminente retirada: «Nos vamos a inundar y no vamos a poder volver nunca más aquí». Días después, ella, su hijo y su madre se desplazaron a Buenos Aires, mientras su padre se quedó para apoyar a los que necesitaban ayuda. En su reencuentro meses después, notó que su padre había envejecido súbitamente, cargando con la pesada carga de una pérdida irreversible.
Voces del pasado
Patricia Bonjour, exhabitante de Epecuén y autora de Epecuén: en la memoria de las ruinas, ha recolectado los relatos de 40 personas que vivieron la calamidad. Patricia compartió su experiencia, destacando el agradecimiento de muchos al compartir su historia, que a menudo conllevaba un profundo llanto compartido. Así, Patricia indica: «Mi libro está dedicado a los pioneros, a los fundadores invisibles del pueblo»; remarcando que no todas las personas tienen el mismo umbral de dolor y que algunas eligen permanecer en el sufrimiento.
En su obra, Patricia cruzó delicadamente la línea entre la felicidad y la tragedia, y su objetivo es preservar la memoria colectiva de Epecuén en un mundo apurado que tiende al olvido. Como ella misma señala, «Necesitamos recuperar las pocas voces que nos van quedando porque se nos están muriendo». De este modo, su libro se convierte en un baluarte del legado de un pueblo que ahora solo vive en las páginas escritas, donde los recuerdos de su vida y de sus pioneros se mantienen a salvo de cualquier inundación futura.
