Impactos cruzados de la guerra en Medio Oriente en Argentina: análisis de actividad, inflación y salarios
Una economía en análisis
La intensificación del conflicto en Medio Oriente a raíz del ataque de EEUU e Israel a Irán ocurrido el pasado 28 de febrero ha generado un ruido adicional en una economía argentina caracterizada por grandes disparidades sectoriales. Este evento plantea la cuestión de si representa un nuevo desafío o una posible oportunidad económica. Aunque las guerras en general no son beneficiosas, en términos económicos pueden ocasionar ciertos beneficios, especialmente por el incremento en los precios de productos como el petróleo.
No obstante, distintas industrias podrían verse perjudicadas debido al aumento en sus costos productivos y logísticos. La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, advierte que un aumento sostenido del 10% en el precio del petróleo podría agregar alrededor de 0,4 puntos porcentuales a la inflación mundial, a la vez que reducir entre 0,1 y 0,2 puntos porcentuales el crecimiento global.
Impacto en el costo de energía
Con el inicio de este conflicto, el costo del barril de petróleo ha subido u$s29,58 (+40,8%), situándose por encima de los u$s100. Esta alza ya se refleja en los precios de los combustibles en el país, que han incrementado entre un 6% y un 7%, con ajustes iniciales de aproximadamente un 4% realizados por YPF. Este aumento en el precio del gasoil afecta directamente los costos logísticos de la industria, el comercio y el sector alimentario, dado que el 90% del transporte de carga se realiza por camión.
De acuerdo con las declaraciones de Natacha Izquierdo, directora de operaciones de ABECEB, además se evidencian incrementos en otros combustibles esenciales para la economía, como el jet fuel para el transporte aéreo —lo que ya ha provocado un alza en las tarifas aéreas—, así como el gas licuado de petróleo, utilizado en los hogares y en ciertas industrias. También, el incremento en los costos de gas y derivados petroquímicos impacta en el precio de insumos industriales, como plásticos, resinas, fertilizantes y fibras sintéticas, afectando así las cadenas productivas desde alimentos hasta textiles y autopartes.
Desafíos para el sector fiscal
El aumento en el costo internacional de la energía complica significativamente el panorama fiscal. Según Izquierdo, «el aumento del precio internacional de la energía vuelve más compleja la política de subsidios. Si el Estado busca evitar una transferencia total del impacto a las tarifas de gas y electricidad, los costos fiscales aumentan; si deciden trasladar dichos incrementos a los precios finales, el impacto se sentirá sobre el costo energético de hogares e industrias».
A pesar de que Argentina se ha convertido en exportador neto de energía gracias al gasoducto de Vaca Muerta, el país todavía depende de importaciones de gas natural licuado (GNL) para atender picos de consumo invernales, lo que significa que los precios internacionales más altos incrementan los costos de dichas compras, afectando tanto a la balanza energética como a las cuentas públicas.
Oportunidades para exportaciones
A pesar de los efectos negativos, ciertos sectores exportadores pueden aprovechar el nuevo contexto internacional. El economista y especialista en comercio exterior, Marcelo Elizondo, destacó que aunque el aumento de costos energéticos representa un riesgo inmediato, una prolongación del conflicto podría resultar en efectos positivos para determinados complejos productivos. Los precios internacionales más altos benefician a sectores como minería, energía y agricultura, que podrían experimentar un aumento en los ingresos por exportaciones.
Además, Elizondo remarcó que «si este conflicto se extiende en el tiempo, también es posible que haya presiones sobre el tipo de cambio, y cualquier ajuste cambiario leve motivado por factores externos podría volver más competitivos a muchos sectores industriales». Sin embargo, el especialista también advirtió que un panorama internacional incierto podría dificultar la disminución del riesgo país y estimular la salida de capitales de mercados emergentes, lo que mantendría altas las tasas de interés.
Consecuencias en inflación y consumo
Un aumento en la inflación también alteraría los precios relativos en la economía, afectando negativamente el poder adquisitivo de los hogares. Gonzalo Carrera, economista de Equilibra, menciona que la tendencia reciente hacia alimentos más baratos podría cambiar, impactando especialmente a los sectores de menores ingresos y contribuyendo a un incremento en la pobreza, que ya presenta señales de alarma debido a la aceleración inflacionaria registrada durante el último semestre de 2025.
En este contexto, es probable que el salario real experimente pérdidas a corto plazo, y que la recuperación de parte de este terreno perdido se vea reflejada más adelante. Según datos del INDEC, los salarios registrados, tanto del sector público como privado, cayeron más de 2% en términos reales en 2025, con una notable disminución durante diciembre, donde se registró un aumento nominal del 2% frente a una inflación del 2,8%. Desde la llegada de Javier Milei al Gobierno, la caída de los salarios para el total de los registrados fue de 7,1% en términos reales entre noviembre de 2023 y diciembre de 2025, con el sector público enfrentando una pérdida del 17,03% y el privado una disminución del 1,55%.
Conclusión
En síntesis, el conflicto en Medio Oriente resalta una vez más la vulnerabilidad de las economías emergentes ante shocks externos. Argentina se enfrenta al desafío de gestionar una situación compleja: equilibrar el impulso en las exportaciones sin que el aumento en el costo de la energía perjudique el poder adquisitivo y la recuperación del mercado interno.
