La temida «cárcel del fin del mundo»: Historia de un oscuro pasado

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Un Infierno en la Tierra del Fuego

La conocida como «cárcel del fin del mundo» era en realidad un lugar de angustia y sufrimiento, diseñada para encarcelar a aquellos que, según su definición, no deberían salir vivos. Originalmente llamada Cárcel de Reincidentes, su nombre cambió con el tiempo a Cárcel de Tierra del Fuego y Cárcel de Ushuaia, pero todos la conocían simplemente como «la tierra».

Construcción y Estructura de la Cárcel

El proyecto se puso en marcha el 15 de septiembre de 1902 y aunque la construcción quedó finalizada en 1920, se levantaron adicionales con el tiempo. Edificado con un diseño radial, albergaba cinco pabellones, cada uno con 76 celdas individuales, accesibles a través de un pequeño orificio de vigilancia. En su interior, los prisioneros contaban solo con una cama de hierro y escaso espacio para muebles.

Condiciones Inhumanas y Superpoblación

Diseñada para 380 hombres, la población carcelaria pronto se disparó a 800, coexistiendo en celdas que originalmente solo debían alojar a un recluso. El presidio estaba destinado a los más peligrosos, incluyendo reincidentes con condena de reclusión indefinida. A pesar de su horrenda reputación, la cárcel contaba con un sistema de talleres que ofrecía formación a los internos, aunque las condiciones laborales eran precarias.

Vida y Trabajo en la Cárcel

Los prisioneros eran obligados a trabajar en obras públicas, contribuyendo al desarrollo de la ciudad de Ushuaia. Gracias a su trabajo, la población local se benefició de servicios como electricidad y telefonía. Sin embargo, la vida era difícil, marcada por el frío extremo que penetraba incluso las celdas. La falta de calefacción era un problema constante y el castigo físico era común.

Los Intentos de Escapar y las Consecuencias

Los intentos de fuga eran frecuentes, aunque pocos lograban tener éxito. La mayoría de los que escapaban terminaban recapturados, a menudo afectados por el congelamiento debido al frío. Se registraron casos notorios, como Simón Radowitzky, que intentó fugarse con la ayuda de un cómplice en 1918.

El Cierre y el Legado de la Cárcel

La cárcel fue cerrada en 1947 por orden del presidente Juan Domingo Perón, quien anunció el fin de lo que consideraba «la pesadilla del penal de Ushuaia». Posteriormente, el edificio pasó a manos de la Armada Argentina, transformándose en una base naval. Hoy, parte de esta historia oscura se conserva en un museo que recuerda las terribles condiciones de vida de los prisioneros en aquel lugar.

Fuentes: El Presidio de Ushuaia, de Carlos Pedro Vairo; Ushuaia, la ergástula del sur, de Manuel Ramírez; revista Caras y Caretas; diario Crítica

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