Amenaza cibernética en el mar: la guerra electrónica que pone en jaque a la flota pesquera de Argentina
Sicarios cibernéticos en el mar
Desde el 28 de febrero de 2026, los capitanes que intentan cruzar el Estrecho de Ormuz se enfrentan a un fenómeno sorprendente en sus pantallas de navegación: supertanqueros navegando sobre tierra firme, cargueros atravesando aeropuertos y barcos que flotan en centrales nucleares. Estos incidentes no son fallas técnicas aleatorias, sino resultado de operaciones de interferencia satelital llevadas a cabo por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán. Este conflicto ha transformado este corredor marítimo, vital para el 20% del petróleo y gas mundial, en el primer escenario documentado de guerra híbrida marítima a gran escala.
El capitán Jorge A. Frías, secretario general de la Asociación Argentina de Capitanes, Pilotos y Patrones de Pesca y presidente de la Fundación Centro de Estudios Superiores del Mar Argentino (FUNCESMAr), advirtió sobre este peligro durante las Jornadas de Intereses Marítimos Argentinos, realizadas en Mar del Plata. La flota pesquera de Argentina se encuentra expuesta a vulnerabilidades similares, y el país no cuenta aún con un marco regulatorio que aborde estas amenazas.
Vulnerabilidades en la pesca
Los expositores agruparon este problema en un marco naval aplicable al sector pesquero que abarca información, tecnología y personas. La información se considera un activo estratégico; las decisiones de navegación ya no dependen exclusivamente de la observación directa del capitán, sino que requieren de un flujo continuo de datos, como el Sistema de Identificación Automática (AIS) y la trazabilidad basada en tecnología blockchain. Esta última se define como una base de datos distribuida que se replica en miles de nodos conectados. En la pesca, esta tecnología permite registrar detalles críticos como:
- Dónde y cuándo se capturó el pescado.
- Qué embarcación lo tomó y bajo qué licencia.
- La posición GPS del barco al momento de la captura.
- La cadena de frío durante el transporte.
- El procesamiento en tierra y la distribución hacia los mercados.
Sin embargo, lo denunciado por el capitán Frías como el «problema del oráculo» revela que, aunque la blockchain garantiza que los datos no fueron alterados después de ser registrados, no asegura que esos datos sean verídicos en el momento en que se ingresan. Si un barco opera en una zona prohibida del Atlántico Sur y su GPS es manipulado a través de spoofing, esos datos falsos quedarán registrados con el mismo peso que uno verdadero, lo que resulta en un certificado de origen formalmente válido pero sustancialmente fraudulento.
Amenaza a la navegación
La integridad de la información satelital y su protección contra el spoofing son esenciales para el sistema de trazabilidad, sin importar cuán avanzado sea. Cada sensor y sistema automatizado a bordo de los barcos representa también una puerta abierta para actores maliciosos, lo que Frías denominó como «sicarios cibernéticos«. La digitalización de puertos y barcos ha convertido al ecosistema pesquero en un objetivo de alto valor. Ante esta crítica situación, Argentina no cuenta con un instrumento que integre ciberseguridad, actividad pesquera y soberanía marítima.
La manipulación de señales satelitales, expresada como GNSS spoofing, no solo representa un riesgo para la navegación, sino que también puede ser una técnica para encubrir la pesca ilegal y el fraude en la certificación de origen, afectando directamente la soberanía argentina en el Atlántico Sur.
Impacto del conflicto en Medio Oriente
Las advertencias sobre «La ciberseguridad marítima en la cadena de valor del sector pesquero» estuvieron manifiestas en el conflicto que se desarrolla en Medio Oriente. Tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán en la operación «Epic Fury», la Guardia Revolucionaria Islámica declaró el Estrecho de Ormuz como «cerrado» y empleó una estrategia de bloqueo que combina ataques físicos, minado de rutas y masiva interferencia electrónica en sistemas de posicionamiento satelital.
En las primeras 24 horas del conflicto, más de 1.100 embarcaciones en aguas cercanas sufrieron interferencias en sus sistemas de navegación. Según la firma de inteligencia marítima Windward, se identificaron hasta 35 clústeres de jamming activos simultáneamente. El registro de Lloyd’s List Intelligence contabilizó 1.735 incidencias de interferencia GPS, impactando a 655 barcos entre el inicio del conflicto y el 3 de marzo.
Paralelismos con el Atlántico Sur
Lo que la Guardia Revolucionaria Irán aplica en el Estrecho de Ormuz está al alcance de los actores más pequeños. Frías enfatizó que los ataques cibernéticos al sector marítimo han aumentado un 300% entre 2019 y 2024, afectando sistemas críticos de navegación. La diferencia entre el Golfo Pérsico y el Atlántico Sur radica en la conciencia y preparación de los respectivos sectores.
La transformación que vive la flota argentina, conocida como Pesca 4.0, integra sensores inteligentes y conectividad satelital, y si bien promueve eficiencia, también expone a vulnerabilidades. La convergencia de los sistemas IT y OT en las embarcaciones elimina el aislamiento que anteriormente protegía los sistemas críticos. Un ataque puede paralizar una embarcación valuada en millones con un costo menor para el atacante.
Recomendaciones para mitigar la amenaza
La exposición culminó con recomendaciones básicas para la ciberhigiene, que incluyen:
- Segmentación de redes.
- Formación del personal.
- Protocolos de verificación de datos.
El capitán Frías abogó por una integración de actores como el Estado, la industria y los trabajadores en un esfuerzo conjunto para enfrentar las ciberamenazas en el mar argentino. También se recordó que desde 2021, la Organización Marítima Internacional (OMI) exige gestionar riesgos cibernéticos para las embarcaciones que navegan internacionalmente.
Sin embargo, la legislación argentina no incluye disposiciones específicas sobre ciberseguridad para la flota pesquera y el actual marco normativo podría requerir actualizaciones. Frías propuso una hoja de ruta con ejes políticos y formativos que involucre instituciones estatales y organismos internacionales para crear conciencia sobre la importancia de la ciberseguridad.
«La ciberseguridad no es un costo, es una inversión en la integridad del producto argentino en el mundo», concluyó Frías, destacando que en el siglo XXI defender el mar también implica proteger los datos, señales y soberanía digital.
