12 septiembre 2026

El fenómeno de El Niño se intensifica y aumenta el riesgo de lluvias en Argentina

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El Niño se fortalece para la campaña agrícola

El fenómeno de El Niño, que influirá en la campaña agrícola de 2026/27, está ganando fuerza y tiene cada vez más posibilidades de alcanzar un nivel de intensidad sin precedentes desde 1950. Las probabilidades de que el fenómeno alcance esta máxima intensidad entre octubre y diciembre han aumentado del 69% al 75%, de acuerdo con un informe especial realizado por Aprilis Soluciones Meteorológicas para la Unión Agrícola de Avellaneda (UAA).

Implicaciones para la producción agrícola

A medida que El Niño se fortalece, se ha observado una conexión significativa entre el océano y la atmósfera. Aunque este escenario podría beneficiar el potencial de la campaña gruesa, también incrementa el riesgo de lluvias excesivas, tormentas severas, inundaciones y diferentes problemas sanitarios y logísticos.

El estudio, cuyo análisis abarca hasta el 11 de septiembre, combina actualizaciones del Centro de Predicción Climática (CPC) de Estados Unidos con datos del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA), INTA y organismos provinciales. El principal hallazgo respecto a agosto es el aumento de seis puntos porcentuales en la posibilidad de que el evento se clasifique como excepcional. En términos precisos, hay un 75% de probabilidad de que el índice RONI trimestral esté igual o superior a +2,5 °C entre octubre y diciembre, lo que se relaciona con una intensidad sin precedentes desde 1950.

Además, la posibilidad de que El Niño se mantenga en la categoría de «muy fuerte» supera el 90% hasta el trimestre de noviembre a enero, disminuyendo posteriormente al 75% para el período de diciembre a febrero, y al 39% para enero a marzo, sugiriendo un posible debilitamiento hacia el final del verano.

Condiciones actuales y perspectivas futuras

Los datos de agosto ya mostraban el alcance del calentamiento en el Pacífico, con el índice relativo Niño 3.4 alcanzando +1,8 °C, mientras que el Niño 3 llegó a +2,5 °C y el Niño 1+2 alcanzó +3,4 °C. Adicionalmente, se comenzaron a detectar señales atmosféricas compatibles con el fenómeno. Según el informe, «la coincidencia océano-atmósfera confirma un fenómeno acoplado».

Sin embargo, el documento subraya que «una mayor intensidad no garantiza impactos más severos en todos los lugares», debido a que otros factores atmosféricos también juegan un papel crucial. Para la producción agropecuaria en Argentina, los modelos estacionales pronostican que durante diciembre, enero y febrero habrá precipitaciones superiores a lo normal en el centro y este de Argentina, Uruguay, Paraguay y el sur de Brasil, mientras que en el centro y norte de Brasil se anticipa un déficit de lluvias.

Este patrón «respalda la posibilidad de una campaña agrícola argentina con buena provisión de agua», aunque también «eleva el riesgo de excesos, tormentas, inundaciones y problemas logísticos».

Perspectivas para la primavera y las áreas agrícolas

Para la primavera, el contexto no es homogéneo. El pronóstico trimestral del SMN para el período septiembre-noviembre prevé las mayores probabilidades de lluvias por encima de lo normal en el norte del Litoral y el oeste de Cuyo, así como en La Pampa y el sudoeste bonaerense. Por otro lado, en el centro-oeste de Formosa y Chaco, así como en partes de Salta y Santiago del Estero, se anticipan niveles normales, mientras que en el NOA se espera que la tendencia sea normal o inferior.

Este pronóstico contrasta con la situación actual en una de las principales regiones agrícolas. Según los datos de la BCR, al 10 de septiembre, el 70% de los suelos en la región núcleo se encontraban en condiciones de escasez y sequía, mientras que solo el 30% presentaba reservas adecuadas. En el oeste, se requieren al menos 20 milímetros de lluvia para continuar con la siembra de maíz temprano, en especial en áreas de Marcos Juárez, Carlos Pellegrini y el noroeste bonaerense. Del mismo modo, el trigo también demanda agua a corto plazo.

Aunque actualmente el 75% del trigo se ubica en condiciones excelentes o muy buenas, esta cifra se encuentra 15 puntos porcentuales por debajo de lo que se registró el año pasado, y un 5% de los lotes ya se encuentra en estado regular. Los técnicos de la BCR señalaron que se requería una precipitación generalizada antes del 20 de septiembre para mantener el potencial de rendimiento. Por lo tanto, el informe advirtió que no hay contradicción entre la carencia de agua en este momento y la perspectiva de una campaña húmeda, explicando que «pueden coexistir sin contradicción una perspectiva estacional húmeda y un déficit agronómico urgente en septiembre».

Una lluvia que hoy es vital en las áreas más secas podría convertirse más adelante en un problema si se acumulan sucesivos eventos que saturen los suelos. Para el maíz, un El Niño muy fuerte puede mejorar el potencial productivo nacional si las lluvias se consolidan antes del período crítico. El desafío inmediato radica en la siembra temprana, ya que el oeste aún enfrenta áreas con humedad insuficiente. Por este motivo, el informe sugiere diversificar fechas y ambientes, evitando sembrar únicamente sobre la base del calendario cuando el perfil no presente la humedad necesaria.

En el caso de la soja, una mayor frecuencia de precipitaciones durante diciembre, enero y febrero puede beneficiar la formación de vainas y el llenado de granos. Sin embargo, las lluvias excesivas pueden reducir la radiación solar, incrementar enfermedades y causar inundaciones. El documento también aconseja no concentrar toda la superficie en una única ventana fenológica y diversificar los períodos de siembra y grupos de madurez.

Por último, un El Niño intenso incrementa la posibilidad de lluvias concentradas en cortos períodos, granizo, ráfagas fuertes y una gran variabilidad entre las regiones. También puede resultar en la saturación del suelo, inundaciones, deterioro de caminos rurales y accesos a plantas y puertos, así como en una mayor presión de enfermedades en trigo, maíz y soja. Incluso un trimestre húmedo puede contener semanas secas seguidas de eventos extremos.

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