China Desafía el Dominio Naval de Estados Unidos
La Nueva Realidad Naval
William Blackstone, un político británico del siglo XVIII, describió a la Royal Navy como «el baluarte flotante de nuestra isla». Actualmente, es Estados Unidos, y no Inglaterra, quien ejerce un dominio en los mares. Sin embargo, esta supremacía naval enfrenta crecientes desafíos debido a la expansión de la armada china.
Expansión Militar China
La estrategia de China de consolidar el control sobre sus aguas territoriales, a pesar de las objeciones de países vecinos, ha llevado a un rápido crecimiento de su marina. Esta ha evolucionado de ser una fuerza de defensa costera a la mayor armada a nivel mundial, según un informe del Departamento de Defensa de EE.UU. en 2020. Con 350 buques de «fuerza de combate», entre los que se incluyen acorazados, portaaviones y dragaminas, supera a los 293 barcos en la flota estadounidense, cifra que apenas ha cambiado en 20 años.
- Se prevé que China amplíe su flota a 435 buques para 2030.
- Estados Unidos espera añadir 58 unidades más para 2031, aunque este plan parece poco realista.
Industria Naval y Capacidades de Construcción
Una de las diferencias clave que favorecen a China es su sólida industria de construcción naval comercial, que apoya su ascenso militar. Desde la Segunda Guerra Mundial, los astilleros europeos han sido superados en este ámbito, primero por Japón, luego por Corea del Sur, y ahora por China, cuya participación en el tonelaje global de construcción naval ha crecido del 5% a más del 50% en solo 25 años.
Interrelación de la Industria Naval
Según Matthew Funaiole del Center for Strategic and International Studies, la industria naval comercial china está «estrechamente entrelazada» con su marina, lo que permite una mayor eficiencia y retorno de inversión. Por ejemplo, si hay una desaceleración en los pedidos comerciales, los astilleros pueden redirigir sus esfuerzos hacia proyectos navales.
En Europa, la industria de construcción de embarcaciones civiles apoya tanto a las fuerzas militares como a la exportación global, desarrollando habilidades esenciales relacionadas con la defensa. Pierroberto Folgiero, presidente de Fincantieri, destaca esta complementariedad entre ambas industrias, subrayando la importancia de cultivar la construcción naval civil para el desarrollo de capacidades militares.
Desafíos en EE.UU.
En contraste, la Jones Act, que data de 1920, ha complicado la situación en EE. UU., donde obliga a que el transporte entre puertos locales se realice en buques construidos en el país. Esto ha llevado a precios más altos y una falta de competencia, dificultando la capacidad de la marina estadounidense para mantenerse al día.
Los astilleros de Estados Unidos enfrentan dificultades para entregar buques a tiempo y dentro del presupuesto; por ejemplo, algunos portaaviones están retrasados en más de dos años. El Ships for America Act, de reciente propuesta, busca añadir 250 barcos a la flota civil en una década, mientras que el gobierno ha puesto en marcha el Maritime Action Plan con un fondo de 20.000 millones de dólares.
A pesar de los esfuerzos, varios analistas coinciden en que no hay una solución rápida para revitalizar la industria naval estadounidense, lo que deja en una situación precaria a la marina de EE.UU.
