El enigmático viaje a Italia del general San Martín, quien deseaba finalizar su vida en Nápoles

imagen-18
Compartilo

Una historia fascinante

El general José de San Martín tenía el anhelo de pasar sus últimos días en la hermosa ciudad de Nápoles, famosa por su clima, su deliciosa pizza y el fascinante Vesubio. Sin embargo, este sueño se vio truncado cuando finalmente falleció en Boulogne-sur-Mer el 17 de agosto de 1850. A lo largo de un viaje poco conocido que realizó a Italia entre noviembre de 1845 y febrero de 1846, cambió su percepción de Nápoles después de experimentar sus caóticos festejos de Navidad y Año Nuevo.

Publicación reveladora

Esta historia se encuentra documentada en el libro Il viaggio in Italia del generale José de San Martín, escrito por el coronel retirado Gerardo Severino, presentado por la embajada argentina en Italia en el hotel Minerva. Este emblemático hotel, ubicado cerca del Panteón, fue el lugar donde San Martín se hospedó y donde una placa conmemora su estancia.

Retrato del viaje

Italia, en esa época, estaba conformada por varios estados pequeños. San Martín, portador de un pasaporte francés, llegó el 19 de noviembre de 1845 a Livorno, después de partir desde Marsella. A su llegada, fue recibido por el cónsul francés, y de ahí se trasladó en tren a Florencia, donde se mantuvo informado sobre los acontecimientos en su tierra natal a través de la Gazzetta de Firenze.

Un cambio de planes en Nápoles

Posteriormente, llegó a Nápoles el 10 de diciembre, donde se hospedó en el aclamado hotel Le Crocelle. A pesar de que esta ciudad era apreciada por su clima templado, que prometía alivio a los dolores reumáticos que sufría, San Martín se percató del bullicio y la conmoción que la caracterizaban. Este ambiente, sumado a sus preocupaciones por la situación en Argentina, le hizo reconsiderar su deseo de permanecer allí de forma indefinida.

Rumbo a Roma

El 27 de enero de 1846, tras reunirse con amigos en Nápoles, San Martín se dirigió a Roma. Su llegada a la capital del estado pontificio no fue registrada por la prensa de la época, que estaba atenta a actividades subversivas. A pesar de los inconvenientes, el Libertador continuó preocupado por los acontecimientos en su país, incluso experimentando problemas de salud que lo llevaron a sufrir un ataque de nervios, como documenta Severino en su obra.

Regreso y legado

El viaje del general concluyó el 17 de febrero de 1846 cuando partió de Civitavecchia, eventualmente regresando a su hogar en Grand Bourg. Severino también destaca que una placa conmemorativa de su paso por el hotel de la Minerva fue instalada en 1952, mucho después de su muerte, a iniciativa de dos admiradores de su legado.

Compartilo