La Iglesia manifiesta preocupación por los intentos del Gobierno de eliminar villas en Argentina
Historia de erradicaciones en el país
En las últimas décadas, los intentos de erradicar villas en Argentina han tenido dos episodios notorios en la Ciudad de Buenos Aires. Uno de los más drásticos fue llevado a cabo por el intendente Osvaldo Cacciatore durante la última dictadura militar. Este proceso implicó la demolición de miles de viviendas y la expulsión de 180.000 personas, quienes se trasladaron, en su mayoría, al Gran Buenos Aires. Este despliegue le valió a Cacciatore el apodo de «Topadora».
La proliferación de asentamientos en la zona conurbana, especialmente en La Matanza, ocurrió sin la mínima infraestructura necesaria. La escalada de esta política destructiva comenzó en 1977, en un intento por «maquillar» la Ciudad de cara al Campeonato Mundial de Fútbol de 1978, y se extendió hasta 1980. En la Villa 1-11-14 del Bajo Flores, se estima que fueron demolidas 5.600 casillas, quedando solamente 30 en pie.
El clérigo Rodolfo Riccardelli, destacado miembro del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, lideró la resistencia en esta villa. Los vecinos lo recuerdan enfrentando a las topadoras. Con el regreso de la democracia, Riccardelli promovió la reconstrucción del barrio.
Otros intentos de erradicación
Durante el primer gobierno de Carlos Menem, otro intendente, Jorge Domínguez, también fue conocido como «Topadora» en la primera mitad de los ’90. Aunque su estrategia fue menos violenta, se centró en la villa 31 de Retiro, afectando a sus habitantes debido a la construcción de la autopista Illia.
La ordenanza relacionada contemplaba indemnizaciones y promesas de vivienda, pero pronto surgieron denuncias por parte del Equipo de Sacerdotes de Villas de Emergencias, quienes afirmaron que las viviendas prometidas no fueron construidas y que el Gobierno recurría a la violencia para desalojar.
Ocho sacerdotes comenzaron una huelga de hambre en enero, recibiendo el apoyo inesperado del arzobispo de Buenos Aires, cardenal Antonio Quarracino, y de un joven obispo auxiliar, luego conocido como Jorge Bergoglio. Finalmente, la autopista se construyó, pero sólo ocupando su traza.
Nuevas preocupaciones en el contexto actual
En la actualidad, miembros de la Iglesia católica y organizaciones como Techo muestran su preocupación por un nuevo intento de erradicación de las villas a nivel nacional. Esto se debe a un reciente proyecto de ley de “inviolabilidad de la propiedad privada”, impulsado por el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger.
El proyecto eliminaría la suspensión de desalojos en todos los casos y aceleraría la restitución de viviendas y terrenos, estableciendo un juicio sumarísimo que permitiría expulsiones rápidas. Esto modificaría el actual “Régimen de regularización dominical para la integración socio urbana”, establecido en 2018.
- La ley actual fue creada tras un censo que contabilizó 6.467 barrios populares y más de cinco millones de habitantes.
- Se enfatiza que la mayoría de estos asentamientos fueron formados hace más de 20 años.
Desde la Iglesia se advierte que no se trata de una usurpación reciente, sino de una problemática histórica relacionada con el acceso a la tierra y vivienda que merece una atención adecuada. Un informe interno subraya que la ley existente ha proporcionado 868.991 certificados de vivienda familiar y ha facilitado proyectos de integración urbanística.
El presidente de Cáritas Argentina, Gustavo Carrara, expresó ante el Senado que la ley vigente “no va contra la propiedad privada, sino a favor de que todos tengan su casa”. La preocupación se centra en el futuro de cinco millones de personas, en su mayoría menores, que podrían ser desalojados.
Concluyen que algo que traspasa gobiernos y que ha sido fundamental en la lucha contra la pobreza y la marginalidad se encuentra en riesgo de desaparecer. ¿Puede acaso repetirse la historia y volver a surgir la amenaza de las topadoras?
