La trágica historia del femicidio en Pilar: Mónica Ligorria y su lucha de 16 años
Una vida de sufrimiento y control
Mónica Ligorria, de 48 años, vivió un calvario de 16 años marcado por insultos, control y humillaciones a manos de su expareja, Hernán Adalberto Ayerbe, de 56 años. Después de una serie de idas y venidas, la relación llegó a su fin el 15 de septiembre, cuando Mónica decidió terminar la relación. Sin embargo, la violencia se intensificó y, seis días después, Ayerbe la asesinó con un disparo en la cabeza antes de intentar quitarse la vida y escapar. Finalmente fue detenido.
La relación y la manipulación
Al inicio de su relación, Ayerbe afirmaba ser ingeniero y tener un negocio propio. Mónica, madre de un niño de tres años, se sintió atraída por él. Con el tiempo, las mentiras fueron revelándose: solo había completado ocho materias universitarias y la granja que mencionaba no le pertenecía; trabajaba como repartidor de huevos.
Los años continuaron. Inicialmente, vivieron en casa de Mónica en Villa Astolfi, Pilar, pero, según familiares, él la llevó a Campana para distanciarla de su familia. Después, vivieron con la madre de Ayerbe, quien al vender la casa, volvieron a Astolfi, donde compartían terreño con la madre y hermana de Mónica.
Con el tiempo, el hijo de Mónica creció y comenzó a defender a su madre de las agresiones de Ayerbe. «Cuando ellos peleaban, él era muy agresivo verbalmente, siempre la menospreciaba», contó Nancy, hermana de Mónica.
Un ciclo de violencia y apariencias
La relación de Mónica no solo estuvo marcada por la violencia verbal, sino también por la manipulación económica. A pesar de la violencia, ella logró crear su propio negocio de venta de huevos, aunque dependía de su expareja para adquirir el producto. Hace aproximadamente seis años, Mónica encontró empleo en un Registro Automotor, lo que causó un agravamiento en la violencia que sufría, ya que Ayerbe no deseaba que trabajara.
Su familia recuerda que Mónica sufrió un derrame cerebral debido al estrés; sus episodios de pérdida de conciencia fueron constantes. A pesar de que las separaciones eran frecuentes, siempre había reconciliaciones, y fue su hijo quien comenzó a establecer límites en la relación.
El fatídico desenlace
El 15 de septiembre, tras una discusión en casa, Mónica decidió poner fin a la relación, lo que desató la ira de Ayerbe, que destruyó parte de su mercadería y la agredió físicamente. Después de una denuncia policial, el 18 de septiembre se formalizó la restricción de acercamiento a Mónica y su familia, quienes contaban con un botón de pánico.
Sin embargo, la situación empeoró, y Mónica, después de haber sido amenazada con un arma, finalmente pudo ratificar su denuncia ante la fiscalía el 21 de septiembre. Lamentablemente, ese mismo día sufrió el ataque mortal a manos de Ayerbe, quien le disparó tres veces, resultando en su fallecimiento en el hospital.
Una decisión valiente en medio del dolor
La difícil decisión de la familia de Mónica de acceder a la donación de órganos fue un acto de amor en medio de la tragedia. A pesar de la profunda angustia, pudieron despedirse de ella en los últimos momentos. «La doctora Amada Sánchez Andia y su equipo fueron un apoyo excepcional en esos momentos», recordó Nancy, quien estuvo junto a su hermana hasta el final.
La familia compartió el triste pero noble gesto de que Mónica, quien ya había dejado constancia de su deseo de donar órganos en el 2024, ayudara a otros a través de su tragedia. La implicación de la familia en este proceso, acompañándola hasta el quirófano, será recordada como un ejemplo de fuerza y amor ante la adversidad.
