Magnifica Humanitas: La encíclica papal sobre IA como una señal alentadora
Reflexiones sobre la Inteligencia Artificial
En mi labor diaria con diversas organizaciones, las conversaciones sobre inteligencia artificial son constantes. Mientras algunos sienten temor y adoptan una postura cautelosa, otros se sienten presionados y ansiosos. Sin embargo, muy pocos se toman el tiempo necesario para reflexionar, lo que, irónicamente, contribuye al problema que enfrentamos.
En este contexto, descubrí Magnifica Humanitas, la primera encíclica del Papa León XIV, enfocada en el tema de la inteligencia artificial. No la leí desde el prisma de la fe, sino como alguien que lleva tiempo inmerso en esta realidad y que observa cómo se toman decisiones cruciales en un entorno que favorece la rapidez sobre la reflexión.
La Lenta Adopción de la IA
A pesar de la percepción mediática, la adopción de la IA no es tan rápida como parece. Las organizaciones encuentran obstáculos en la transformación de sus procesos, no por falta de conocimiento, sino porque dicho cambio es desafiante, costoso y requiere tiempo y enfoque. Mientras tanto, las grandes corporaciones tecnológicas continúan generando ingresos, aumentando precios y acelerando sus salidas a bolsa, creando una atmósfera que se asemeja más a una burbuja que a una auténtica revolución.
La Verdadera Naturaleza de la Tecnología
Un aspecto que me sorprendió fue que la encíclica no condena la tecnología en sí. Más bien, se opone a la noción de que la IA es intrínsecamente neutral. Cada algoritmo está marcado por decisiones humanas —incluyendo los datos seleccionados, prioridades establecidas y aspectos que se ignoran—, lo que impacta directamente en la vida de las personas. El texto va aún más lejos al sugerir la necesidad de «desarmar» la inteligencia artificial, lo que se traduce en evitar su uso como herramienta de vigilancia, exclusión o dominación económica, algo que aún no está suficientemente claro en el debate público.
Reflexiones sobre el Trabajo y la Sociedad
El Papa también se plantea cuestiones sobre el trabajo que resuenan en el terreno. Cuando una organización automatiza un proceso únicamente para reducir costos, sin considerar el impacto en la comunidad y en las personas involucradas, se rompe algo fundamental. Las empresas que buscan exclusivamente la rentabilidad pueden desplazar el trabajo humano, privando a las personas de ingresos, pero también de un sentido de propósito e identidad.
No me agrada que una empresa se extinga por su falta de adaptación, pero tampoco es aceptable que esta adaptación ocurra ignorando las implicaciones sociales de sus decisiones. La encíclica también resalta un punto crítico: los desarrolladores y programadores no solo toman decisiones técnicas; también enfrentan decisiones éticas que dan forma a la infraestructura cultural de la sociedad, una responsabilidad que a menudo no se menciona.
La Necesidad de un Debate Proactivo
Como sociedad, parece que hemos fallado al no pensar en el largo plazo. Existe una concentración de poder en pocas empresas, algunas con presupuestos que superan el PBI de muchos países, sin que se les demande verdaderas responsabilidades sociales ni una visión clara del mundo que están cimentando. Es imperativo que comencemos a reflexionar sobre el modelo de desarrollo tecnológico que deseamos: ¿continuaremos permitiendo esa concentración sin contrapesos, o buscaremos una innovación al servicio de comunidades reales?
Actualmente, este debate no se está dando con la urgencia necesaria, llegando de manera tardía y lenta, en contraste con la rapidez con que se toman decisiones relevantes. La historia ha demostrado que los avances tecnológicos careciendo de marcos éticos o de instituciones que los regulen generan costos sociales elevados y de difícil reversibilidad. No es necesario repetir ese error.
El Importante Mensaje de la Iglesia
Por todos estos motivos, considero que la postura de la Iglesia es significativa. No porque tenga todas las respuestas, que evidentemente no tiene, sino por el valor intrínseco de su declaración. La Iglesia Católica tiene una presencia activa en más de 200 países y, más allá de los debates válidos sobre su acción institucional, posee una capacidad de influencia que pocas organizaciones pueden igualar. Cuando el Papa emite un documento de este tipo, no se dirige únicamente a un congreso tecnológico o a una audiencia de innovadores; su mensaje alcanza a un público global que incluye a muchas personas que aún no comprenden completamente lo que implica un modelo de lenguaje, pero perciben que algo está cambiando a su alrededor y sienten la confusión.
La revolución de la IA puede estar en curso y es posible que estemos transitando un cambio tecnológico verdadero. Sin embargo, los cambios de esta magnitud no son evidentes en su momento histórico; se comprenden años más tarde, cuando ya forman parte de la vida cotidiana y se torna difícil imaginar el mundo sin ellos. En la actualidad, estamos en medio de ese proceso, rodeados de ruido pero con escasa claridad. Por eso, que alguien sugiera «frenemos un segundo, pensemos» no es retraso, sino precisamente lo que necesitamos.
(*) Chary Lizarralde es ingeniero de software especializado en IA y aprendizaje automático. Es CEO y fundador de 7Puentes.
