Reflexiones sobre la vida y las elecciones no tomadas

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La revelación de una vida no elegida

«A los 43 años descubrí que nunca había elegido realmente en mi vida». Esta afirmación quedará grabada en mi memoria tras una profunda conversación con mi tía durante una caminata en un frío día de invierno. Ella, a pesar de padecer cáncer con un pronóstico alentador, se mantenía animada, siempre con una actitud fuerte y decidida. A sus setenta años, continuaba trabajando, impulsada quizás más por el temor a la inseguridad que por una necesidad genuina.

En el transcurso de nuestro paseo, decidimos pasar por la Facultad de Derecho, el alma mater de mi tía. Al contemplar el elegante edificio, le hice preguntas sobre su historia, a lo que respondía con un tono seco y una evasión que me llevó a plantearle algo más perturbador: «¿Alguna vez te interesó ser escribana?» Su respuesta, «Nunca«, resonó en mí como una fuerte sacudida.

Un silencio revelador

Después de varios minutos en silencio, ella intentó justificar su elección. «Gracias a esta profesión pude formar una familia, darles una excelente educación a mis hijos, viajar por el mundo, tener buen nivel de vida», me explicó. Pero esa conversación me dejó con una sensación de inquietud. ¿Cómo alguien puede pasar tantos años haciendo algo que en realidad no le interesa? ¿Se trata de falta de compromiso con sus sueños o simplemente de prioridades distintas?

La respuesta se tornaba dolorosa y, a la vez, familiar. Su relato me interpeló personalmente, ya que en el fondo yo tampoco había encontrado una verdadera vocación. A pesar de haber dejado de lado trabajos que no me llenaban, me encontraba igualmente en una encrucijada al pensar: «Si pudiera elegir nuevamente, ¿qué carrera estudiaría?».

Las limitaciones del miedo

Con cuarenta y tres años y dos décadas desde mi graduación, aún permanecía sin un claro propósito. Mi mente volvió a mi tía y su enfoque austero hacia el dinero. Aunque ella no era avara, siempre manejó sus finanzas con precaución, aun en la etapa final de su vida, lucía cuestionable tener tanto dinero ahorrado.

Me sentí vacío ante la idea de que, al igual que mi tía, estaba atrapado en el ciclo de trabajar solo para sobrevivir, sin espacios para mis sueños. Recordé a un etólogo que comentaba que en la naturaleza, las preocupaciones son simples: alimentarse, evitar ser devorado, reproducirse. Todo se reduce a lo esencial: la sobrevivencia.

¿Significa esto que estamos atrapados en sistemas obsoletos?

La pregunta inquietante se instaló en mí: ¿cómo pueden nuestras búsquedas de felicidad y dedicación a lo que amamos convertirse en una prioridad en nuestras vidas? ¿Estamos luchando en vano contra instintos primitivos que ya no nos amenazan?

La vida parece una jungla, donde seguimos huyendo de depredadores imaginarios. ¿Por qué nos cuesta tanto perseguir nuestros sueños? Quizás sean nuestras propias emociones y temores los que nos retienen en zonas de confort, lejos de cualquier lugar donde los sueños puedan florecer. El tiempo no se detiene para que superemos nuestros temores; sigue su curso inexorable. Sobrevivir ha sido útil, pero ahora, la pregunta que realmente importa es: ¿me atrevo a vivir?

Juan Tonelli es escritor y speaker, autor del libro «Un paraguas contra un tsunami». www.youtube.com/juantonelli

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