Tragedia en Necochea: Abuelos separados de su nieto tras el femicidio de su hija

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Una pérdida desgarradora

Felipe «Tito» Vera, de 75 años, y Stella Maris Castro, de 66 años, enfrentan un dolor inimaginable tras la brutal muerte de su hija Magalí, quienes fueron víctimas de un femicidio a manos de su esposo Javier Cerfoglio, de 39 años. El trágico suceso ocurrió en Necochea, donde Magalí fue golpeada y arrojada al Río Quequén dentro de su propio automóvil después de asistir a una fiesta de boda.

Desde entonces, han pasado siete meses y medio sin poder ver a su nieto de 13 años, quien eligió vivir con sus abuelos paternos. Sin embargo, una orden judicial les prohíbe incluso hablar sobre el niño, lo que ha afectado profundamente su relación familiar.

Recuerdos y tristeza

La última vez que el niño visitó a sus abuelos fue el 17 de abril, días antes de la Semana Santa, cuando fue a recoger algunas pertenencias para su habitación en casa de sus otros abuelos. Desde ese entonces, Stella ha intentado contactarlo, enviándole mensajes que han quedado sin respuesta. En un momento, solicitó a su consuegra que hiciera llegar su mensaje al niño, recibiendo como respuesta: «Hablá con mi abogada». Además, los han bloqueado en redes sociales.

Los abuelos, que son padres de Sebastián, Melina, Fernando y la fallecida Magalí, tienen un total de seis nietos. Este 1° de diciembre es un día particularmente doloroso para la familia, marcando el primer aniversario del femicidio.

Homenaje a Magalí

Para recordar a Magalí «con amor» y «exigir justicia», han organizado un homenaje que se llevará a cabo este lunes a las 18:00 en el Espacio de las Mariposas, ubicado en la avenida 58, entre las calles 59 y 57, en la Plaza de la Memoria. En este sitio, se inauguró el 3 de junio una placa conmemorativa que dice: «Magalí Vera 28/08/1990-∞: Magui: Visítanos en nuestros sueños hasta que volvamos a encontrarnos.» La familia destaca su calidad como hija, madre, hermana y esposa ejemplar durante este emotivo homenaje.

Desenfreno de un doloroso proceso judicial

Stella y Tito continúan enfrentando la situación día a día, asistiendo a sesiones de psicología y psiquiatría. También han interpuesto una demanda contra su yerno por «daños y perjuicios», ya que no desean que venda la casa donde vivían con Magalí, su camioneta Fiat Toro, ni la moto de cero kilómetros que recientemente habían adquirido. El Honda Fit rojo de Magalí sigue en un depósito policial, y sus abuelos lo consideran «chatarra» que no desean conservar.

Stella comparte que cuando pasa por la zona de la terminal de ómnibus, donde ocurrieron los trágicos eventos, siempre desvía la mirada: «Miro para otro lado cuando paso por ahí». Su esposo, Tito, también intenta evitar la zona.

La defensa de Cerfoglio

En el pabellón evangélico del penal de Batán, donde cumple su condena, Cerfoglio ha denunciado a sus exsuegros bajo la insólita alegación de que lo mandaron a matar, afirmando que ha sufrido golpizas en prisión. A pesar de esto, cada lunes recibe la visita de su padre y se prepara para el juicio oral, enfrentándose a la posibilidad de una condena a perpetua por homicidio cuádruplemente calificado, gracias a la eficiente labor de los fiscales Walter Pierrestegui y Marcos Bendersky.

La familia de la víctima denuncia que los padres de Cerfoglio restan importancia al femicidio, refiriéndose a lo sucedido como un «accidente». En agosto, Magalí habría cumplido 35 años, y su hijo no asistió a la misa en su memoria, compartiendo en Instagram que su asistencia implicaría un riesgo para él.

Contexto del crimen

El trágico día de su muerte, el 1° de diciembre de 2024, Magalí había dejado su trabajo en la Municipalidad para dedicarse por completo a la repostería. Esa noche se llevaría a cabo la fiesta de boda de una pareja, a la cual ella decidió obsequiar una torta de dos pisos. Junto a Cerfoglio, Magalí llegó al evento, compartiendo en su cuenta de Instagram imágenes que reflejaban lo que parecía una relación feliz.

Sin embargo, una discusión en la fiesta provocó que decidieran abandonarla a las 4 de la madrugada en medio de una tormenta. Un aviso al 911 alertó sobre un hombre golpeando a una mujer frente a un automóvil rojo, y las cámaras de seguridad documentaron la brutalidad del ataque. Posteriormente, el Honda Fit fue detectado circulando a alta velocidad antes de caer al río, donde la autopsia revelaría lesiones compatibles con violencia de género y asfixia por sumersión, un dolor que perdurará en el corazón de su familia.

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