Un casco de estancia se mantiene en pie en el corazón de Buenos Aires

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Un emblemático edificio en la ciudad

Los viajeros que transitan por la autopista 25 de Mayo pueden avistar un antiguo edificio que brilla en medio de la ciudad: el casco de estancia Los Remedios. Es difícil imaginar que este sitio, en su época, se extendía vastamente y albergaba molinos, ganado, gauchos, caballos y cultivos.

Historia y legado de Los Remedios

El origen de esta estancia se remonta al siglo XVII, cuando se distribuyeron las «suertes de chacras» en la margen izquierda del Riachuelo, abarcando desde el arroyo Maldonado hasta las actuales calles Escalada y Lacarra. En el siglo XVIII, el predio pasó a estar en manos de las Hermanas de la Santísima Caridad, quienes establecieron un oratorio en honor a Nuestra Señora de Los Remedios y fundaron, en 1755, un asilo para huérfanas.

Cambios de propiedad y desarrollo agrícola

En 1822, la estancia fue expropiada y transferida a la Sociedad de Beneficencia. Inicialmente, el predio se arrendó y en 1828 fue subastado a Domingo Olivera, quien había nacido en 1798 en Ambato, en la región del Ecuador, dentro del Virreinato del Perú. La antigua casona del convento fue adaptada para ser la residencia de su familia. Domingo Olivera ocupó varios puestos políticos y estableció un tambo y un molino de trigo que le permitió abastecer de pan al barrio de Flores. Su legado agrícola y ganadero fue significativo, formando un verdadero patriarcado en la zona.

Desafíos y tradiciones

Como un verdadero padre de familia y pionero, enseñó a sus hijos que el éxito proviene del esfuerzo, afirmando que «el hornero no mira al cielo, trabaja». Superó duras sequías y la dificultad de transformar el suelo pampeano en praderas fértiles, dedicándose a la plantación sistemática de árboles. La búsqueda de acceso al agua fue crucial, y realizó profundas perforaciones para asegurarla, apoyando además al ingeniero Adolfo Sourdeaux en la localización de napas freáticas.

Un lugar de importancia histórica

Su esposa, Dolores Piriz Olaguer y Feliu, descubrió una imagen deteriorada de la Virgen de Los Remedios, similar a la venerada en la Iglesia de San Miguel desde 1727. A pesar de los retos iniciales, con 50 vacas en el primer tambo, su búsqueda de éxito no se detuvo. Dolores hizo una promesa de restaurar la imagen si lograba recuperar a los animales perdidos, lo que llevó a la creación de un oratorio en su hogar. El predio fue cercado con zanjas y setos vivos de añapinday.

Durante el Sitio de Buenos Aires en 1852, este lugar se convirtió en el cuartel y hospital de sangre del general Hilario Lagos, lo que resalta su importancia en la historia de la ciudad.

Transformaciones a lo largo del tiempo

Con el pasar de los años, la chacra ha sido objeto de múltiples fraccionamientos y ventas, incluyendo la apertura de la avenida Directorio que partió el terreno. En la intersección de las calles Lacarra y J. B. Alberdi, aún se pueden ver venerables árboles que marcan la entrada a Los Remedios, un lugar que fue apreciado por la élite porteña.

La municipalidad adquirió, a través de una ordenanza de 1912, una fracción del terreno para crear un parque público. El nieto del fundador lo donó al director de Paseos, Carlos Thays, y así se inauguró el 28 de marzo de 1914 como Parque Olivera. Posteriormente fue rebautizado como Parque Avellaneda, aunque por mucho tiempo continuó siendo conocido como Olivera. Hoy, el edificio restaurado y adaptado para actividades culturales se mantiene en pie, como un recordatorio de su rica historia: “aquí hubo una estancia”.

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