Un siglo de victorias laborales que transformaron la vida de los trabajadores
Un recorrido por las conquistas laborales
En épocas pasadas, los miembros de la oligarquía rechazaban la implementación de una jornada laboral de ocho horas, y se consideraba que la libertad para contratar era inalienable. La duración de las jornadas laborales dependía del acuerdo entre patrones y trabajadores, acompañado de costumbres que permitían jornadas de diez a quince horas en fábricas, y desde el amanecer hasta el anochecer en el campo. Los salarios en este contexto eran extremadamente bajos; a comienzos del siglo XX, el salario diario de un obrero oscilaba entre $1.50 y $3. Para ponerlo en perspectiva, el kilo de pan de segunda clase costaba 16 centavos y el kilo de carne 25 pesos.
La vivienda era otro aspecto crítico. El alquiler de una habitación en conventillos, conocidos también como casas de inquilinato, rondaba los veinte pesos mensuales. Estas viviendas albergaban a más de cinco familias en espacios reducidos, donde debían compartir instalaciones y enfrentarse a condiciones insalubres. Eduardo Gilimón, un anarquista catalán, describía la dura realidad: «…las familias se habitúan a vivir en una sola habitación de cuatro metros, donde comen y duermen todos juntos, en una atmósfera llena de olores y vaho».
El surgimiento de la lucha por derechos
- En 1907, estalló la huelga conocida como «de las escobas», liderada por mujeres trabajadoras ante el inminente aumento del alquiler.
- A partir de 1900, comenzaron a implementarse planes de construcción de viviendas populares, aunque la calidad era precaria.
- La mortalidad infantil y las condiciones laborales insalubres eran comunes entre los niños que trabajaban en diversas industrias.
La primera huelga registrada tuvo lugar en 1878, protagonizada por tipógrafos que exigían un aumento salarial y la reducción de horas de trabajo, estableciéndose una jornada de diez horas en invierno y doce en verano. Las luchas se intensificaron en 1887 y, el 1 de mayo de 1890, se celebró por primera vez el Día del Trabajo en Argentina, donde se presentó un pliego de reclamos por parte de la clase trabajadora.
Este documento solicitaba un marco legal que permitiera regular la jornada de ocho horas, prohibir el trabajo infantil y el trabajo nocturno para mujeres y jóvenes. Sin embargo, estas demandas fueron ignoradas por las autoridades, lo que llevó al gobierno a declarar el estado de sitio en múltiples ocasiones entre 1902 y 1910 para silenciar el descontento.
Progreso legislativo y derechos laborales
La respuesta del gobierno llegó con la propuesta de diversas leyes, como la Ley del Trabajo presentada por el ministro Joaquín V. González, que, aunque ambiciosa, nunca se debatió en el Congreso. En 1907, se creó el Departamento Nacional de Trabajo para mediar entre patrones y obreros.
La primera legislación significativa fue la Ley del Descanso Dominical, promulgada el 31 de agosto de 1905, resultado de la labor del legislador socialista Alfredo Palacios. Posteriormente, la Ley de la Silla fue sancionada en 1935, exigiendo que los lugares de trabajo dispusieran de asientos adecuados, un logro significativo para mejorar las condiciones laborales.
A lo largo de estos años, otros derechos fueron conquistados como la jornada de ocho horas en 1929, las indemnizaciones por despido en 1934 y el aguinaldo, establecido en 1945. Sin embargo, los trabajadores rurales enfrentaron condiciones aún más difíciles, con el Estatuto del Peón de Campo, implementado en 1944, que buscaba regular las condiciones de trabajo de estas personas.
A pesar de los avances, el camino hacia condiciones laborales dignas ha sido largo y complejo, y los desafíos persisten, con estas luchas volviendo a ocupar el centro del debate en el Congreso.
