Un verano de libélulas: ¿pueden predecir tormentas?

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Las Libélulas y su Fascinante Anatomía

Desde temprana edad, tengo gratos recuerdos relacionados con las libélulas y su importante papel en el clima. Rememoro las fiestas de cumpleaños de una amiga, donde siempre disfrutábamos de una película en el cine. Uno de esos estrenos fue el de Bernardo y Bianca, una producción animada de Disney que narraba las peripecias de dos ratones en busca de rescatar a una huérfana llamada Penny de la malévola Madame Medusa. Durante esta aventura, un personaje notable era Evinrude, una libélula cuya habilidad para volar aceleradamente impulsaba un pequeño bote que ayudaba a los ratones. Mi padre, con su habilidad artística, recreaba a Evinrude con tanto detalle, justo en un momento en que descubrí que este nombre, de hecho, pertenecía a una renombrada marca de motores fuera de borda.

A pesar de mi temor por los insectos, desarrollé un afecto especial por los aguaciles, tomando la iniciativa de rescatarlos de la piscina cuando accidentalmente caían. Crecí convencido de que un cielo veraniego repleto de aguaciles era un claro indicativo de la cercanía de una tormenta. Cuando los observaba volar juntos en el jardín, chequeaba una curiosa herramienta meteorológica casera que teníamos en casa: un barquito de vidrio que cambiaba de color según el clima. Este figurín de diseño peculiar, con sus transformaciones cromáticas, me dejaba intrigado, y aunque no era recomendable tocarlo, mis ojos se posaban en el barco cada día, buscando su análisis del clima, especialmente cuando los aguaciles pululaban fuera.

La Confusión entre Aguaciles y Libélulas

Siempre creí que los aguaciles eran insectos con cuerpo más robusto, mientras que las libélulas poseían un cuerpo más estilizado con una cola turquesa que me llamaba a atraparlas con delicadeza, admirando sus colores vibrantes. Sin embargo, ambos términos son equivalentes; las libélulas son también conocidas como caballitos del diablo. Este último término corresponde a una especie distinta, reconocible por cómo pliegan sus alas verticalmente al descansar, en oposición a los aguaciles que extienden completamente sus alas. En cualquiera de los casos, sus alas, que pertenecen al orden de los odonatos, son un fascinante ejemplo de bioingeniería, ideadas para el vuelo: presentan membranas transparentes y nervaduras que parecen trazos de una caligrafía delicada, mostrando una fuerza sin peso y rigidez sin torpeza.

Las Libélulas y el Clima

Respecto a la creencia que rodea a estos insectos como precursores de la lluvia, la evidencia científica no es contundente. La entomóloga conocida como La mujer libélula ha comenzado a documentar el comportamiento de los odonatos en respuesta a variaciones climatológicas. Estas criaturas emergerán cuando las temperaturas sean cálidas y evitarán volar en condiciones frías; no son capaces de soportar lluvias intensas que comprometan su vuelo. En particular, los caballitos del diablo evitan volar con vientos fuertes, mientras que las libélulas más robustas pueden tolerarlos mejor. Antes de que caiga la lluvia, suelen abandonar los espejos de agua donde habitan y se detienen en su vuelo.

La Relación con la Presión Atmosférica

En cuanto a la presión atmosférica previa a una tormenta, se ha argumentado que algunos insectos, incluidas las libélulas, podrían sentir cambios en su ambiente. Un científico ruso propuso en los años sesenta una conexión entre la presión barométrica y la actividad de las libélulas, aunque fue desestimada por la falta de pruebas. No obstante, otros investigadores sugieren que cuando el aire se torna pesado y húmedo, muchos insectos cambian sus hábitos, lo que puede coincidir con condiciones que suelen anticipar una lluvia. Más probablemente, el incremento en su vuelo se debe a una mayor disponibilidad de presas en el entorno.

Reflexiones Personales

Actualmente, resido en un lugar donde puedo observar las copas de los árboles y vastos pedazos de cielo, así como las tormentas que se aproximan con nubes grises y pesadas que convierten los días soleados en noches oscuras en cuestión de minutos. Sin embargo, justo antes de que la tormenta estalle, cuando el cielo todavía es azul, me aferro a la idea de que esos aguaciles traen la lluvia, por lo menos hasta que encuentre evidencia científica que lo contradiga.

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