Una odontóloga y su perra: la alianza que calma el miedo en consultorios dentales
Un enfoque innovador en odontología
La odontóloga Nayla Sanchez Tobares, originaria de Ushuaia, comparte su tiempo entre esa ciudad y Buenos Aires, y ha implementado un enfoque novedoso para tratar a pacientes con inquietudes relacionadas con la atención dental. Según afirma, «no podemos quedarnos solamente con que ‘no se deja atender’». Para quienes afrontan el miedo o angustia en la consulta, cuenta con el apoyo de su perra Hope, quien tiene un año y cuatro meses y brinda compañía reconfortante durante las visitas al consultorio.
El papel de Hope en la consulta
Hope no está presente en todos los procedimientos, ya que el equipo evalúa cada situación individualmente, considerando factores como el consentimineto familiar y el bienestar de la perra. Muchos de los niños enfrentan un reto al ingresar al consultorio, especialmente aquellos con dificultades sensoriales o experiencias previas negativas. Por eso, Nayla opta por una interacción inicial de juego entre Hope y los pequeños.
Este enfoque, de acuerdo a la odontóloga, permite que los niños se distancien del ambiente que les causa temor, generando una experiencia más lúdica y afectiva. Nayla ha observado que la mera presencia de Hope fomenta la tranquilidad, la comunicación y una mayor disposición a recibir tratamiento.
Formación y vínculos familiares
Actualmente, Hope se encuentra en proceso de formación. Nayla planea que se presente a una evaluación de certificación en 2027, y destaca que su rol se diferencia del de los perros de asistencia convencionales. La odontóloga, que también es ayudante de segunda en la Facultad de Odontología de la UBA, divide su tiempo entre la capital argentina y su ciudad natal, atendiendo ambos consultorios privadas.
Una historia de conexión y esperanza
La historia de Hope y Nayla se remonta a un viaje que la odontóloga realizó en 2024 a Corea del Sur para presentar un trabajo sobre el uso de cannabis medicinal en odontología. Allí, se interesó en el uso de Australian Labradoodles como perros de terapia, convencida de que su pelaje de baja muda era apropiado en contextos sanitarios. Tras la muerte de su anterior mascota, Nayla decidió buscar un cachorro de esta raza, eligiendo a Hope, a quien han bautizado en honor a la esperanza.
Adaptación y progreso en el consultorio
Hope ha viajado frecuentemente con Nayla y ha aprendido a adaptarse a su nueva vida. Desde su llegada, ha sido familiarizada gradualmente con el entorno del consultorio, siguiendo un plan de formación que considera los olores y sonidos típicos de ese espacio laboral.
Una de las experiencias más gratificantes ha sido con una paciente llamada Cami, quien inicialmente tenía gran temor de recibir atención dental. Utilizando estrategias de juego en presencia de Hope, se logró generar confianza y eventualmente Cami pudo tocar una canción a la perra, un momento que conmovió a Nayla. Esto marcó un punto de inflexión en su tratamiento, donde Cami no solo mejoró su técnica de higiene bucal sino que también su actitud hacia las visitas.
Interés creciente y uso de redes sociales
El interés por la metodología de Nayla ha crecido entre las familias, quienes han mostrado aprecio por el vínculo que Hope genera. La perra cuenta con una cuenta de Instagram (@hopethedog.arg) donde comparten su vida y aventuras, y donde los padres han comenzado a solicitar turnos en el consultorio de la odontóloga, atraídos por el acompañamiento de Hope.
Un futuro prometedor para Hope y sus pacientes
La profesión de Nayla va más allá de la simple atención dental; implica un enfoque en la historia y necesidades de cada paciente. Con la llegada de su hijo Toto y la supervisión de la convivencia entre él y Hope, Nayla continúa a la búsqueda de la certificación de su perra y de oportunidades de investigación sobre cómo la terapia asistida por animales puede beneficiar la atención odontológica de pacientes que requieren un abordaje inclusivo y humanizado.
Como ella misma dice, «Hope llegó con la ilusión de que algún día pudiera acompañar a otras personas, pero nunca imaginé cuánto iba a acompañarme también a mí».
