Una olla popular en la casa natal de Maradona en Fiorito alimenta a 200 familias cada semana

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Vecinos del barrio de Villa Fiorito organizan una olla popular en la casa natal de Diego Armando Maradona todos los días Jueves, desde hace varias semanas. Foto: Antonio Becerra

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El desafío del frío en Villa Fiorito

Aún no ha comenzado el invierno, pero el frío se hace sentir en Villa Fiorito. El viento que sopla desde el Riachuelo, un espejo de agua contaminada que divide la pobreza de sus orillas, acentúa las bajas temperaturas. Al entrar al barrio, es imposible no percibir que se está en el lugar correcto, rodeado de paredes que hablan de Diego Maradona. Esta es su tierra natal, un espacio que no solo es hogar de murales, sino también de negocios de segunda mano y de una urbanización que ha transformado esta porción de Lomas de Zamora en ciudad desde hace un poco más de tres décadas.

A pesar de no ser una atracción turística, la realidad de Fiorito retrata las condiciones en las que el mito creció. Aunque hoy hay asfalto y ya no quedan potreros, las carencias son palpables. Fiorito se convierte en un punto de vista para la clase media que, desde el Puente La Noria, busca asomarse a la cuna de un genio. “Fiorito es hermoso. Nací aquí y me iré cuando me saquen”, expresa Doña Mari, que hace referencia a su final en el cementerio de Lomas. Recuerda un Riachuelo en el que incluso se podían pescar ranas.

La casa de Maradona y la olla popular

Doña Mari, de 72 años, conserva la casa que fue hogar de los Maradona. A pesar de vivir en otra propiedad, su hijo Javier ahora habita la casa que permanece casi idéntica a la época en que Diego vivía allí. El patio, donde indudablemente Maradona jugó, se ha convertido en un comedor popular. Cada jueves, se preparan guisos en grandes ollas para alimentar a los vecinos que llegan en busca de un plato caliente.

Javier, quien también trabaja recolectando cartón, se encarga de desmontar pallets para utilizarlos como leña, lo que refleja el modo de vida que tiene actualmente, similar al de su ícono. Sin embargo, las circunstancias son difíciles: la recolección de cartón ha disminuido y el precio del material ha caído. “La cosa está dura”, menciona Javier sobre su situación laboral.

Recientemente, Doña Mari se dio cuenta del aumento de la pobreza en el barrio tras caminar con su hijo, lo que la llevó a iniciar la olla popular. En colaboración con el Pastor Leo y otras organizaciones, han logrado establecer una nueva olla en la casa de Maradona, preparando entre 150 y 200 porciones cada semana. Según el último censo, 58,060 personas viven en Fiorito, y el acceso a alimentos es crucial.

El impacto de la olla en la comunidad

La olla popular se sostiene mediante donaciones del Gobierno de la Provincia y la autogestión de los vecinos. María Torres, madre de ocho hijos y cocinera del comedor, organiza la preparación de las comidas. “Cocinamos para que hoy ningún Dieguito ni ninguna Tota se quede sin comer”, afirma Álvarez, el pastor villero, resaltando cómo muchos de los asistentes están experimentando esta situación de necesidad por primera vez.

El día de la olla se convierte en un evento comunitario donde se sirve la comida, y a pesar de las limitaciones, nadie se va sin un plato caliente. La casa de Maradona, con sus murales y su legado, se ha convertido en un símbolo de lucha y esperanza frente a la crisis actual.

La situación en Fiorito es un reflejo de la realidad social y económica que atraviesa el país. Con cada comida servida, se recuerda que la lucha contra la desigualdad y el hambre continúa. En la casa de Maradona, el pasado se encuentra con la necesidad del presente, uniendo a las generaciones en torno a una olla que, cada jueves, calienta los corazones de muchos.

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