La operación de los jóvenes sicarios en Rosario: asesinatos, dinero y compras en el shopping
Una escalofriante realidad en Rosario
En los primeros días de marzo de 2024, la ciudad de Rosario se vio envuelta en el caos, protagonizado por un grupo de narcotraficantes que optó por sembrar el terror de manera indiscriminada. **Niños sicarios**, menores de edad, fueron utilizados para ejecutar asesinatos, argumentando su **inimputabilidad** ante la ley.
Un crimen en plena oscuridad
El 5 de marzo de 2024, un taxista llamado Héctor Figueroa fue atacado a tiros en una oscura esquina de la zona sur de la ciudad mientras cobraba el viaje a un adolescente, quien resultó ser un cómplice. Aunque la noche estaba marcada por un partido de fútbol entre Rosario Central y Vélez, con 500 policías asignados al evento, los sicarios aprovecharon la laxitud en el control de las calles para llevar a cabo el ataque. Héctor, de 43 años, dejó atrás una familia compuesta por su esposa e hijas, y su asesinato conmocionó a la comunidad taxista que decretó un paro por inseguridad.
El contexto de violencia
Esta situación no era un caso aislado; desde hace años, Los Monos, una notoria banda delictiva, había desmantelado el orden social en la ciudad, generando un ciclo de violencia, ajuste de cuentas y narcotráfico. Sin embargo, lo que se estaba gestando era un plan aún más macabro. Después de operar en las sombras, los narcos decidieron lanzar un ataque directo como represalia a las intensas redadas realizadas por el Ministro de Seguridad de la provincia.
La estrategia de terror
Empezando con ataques a penitenciarios, los narcotraficantes organizaron un complot que implicaba utilizar a niños sicarios para aterrar a la población, creando un clima de miedo constante. La primera intención fue golpear a los taxistas y, tras el asesinato de Figueroa, planearon un nuevo ataque al día siguiente.
- El segundo ataque tuvo como objetivo a Diego Celentano, quien fue asesinado en su taxi en las mismas condiciones que Figueroa.
- Posteriormente, un tío colectivero casi pierde la vida, pero milagrosamente salió ileso.
- Finalmente, el colectivero Marcos Daloia fue o abatido cuando un sicario disparó a quemarropa.
Un crimen que marcó un hito
El asesinato de Bruno Bussanich, un joven de 25 años que trabajaba en una estación de servicio, tuvo un impacto escalofriante. Filmado por cámaras de seguridad, su muerte generó una reacción de indignación y pavor en la población. Este acto no solo representó otro asesinato, sino una declaración sobre la total descomposición del orden social y de la seguridad local.
La generación de terror cotidiano
Los narcos, con un ingenioso plan que involucraba a adolescentes, utilizaban a estos jóvenes para perpetuar crímenes sin que la ley pudiera detenerlos, sabiendo que su corta edad los hacía inmunes al sistema penal. Después de los crímenes, estos jóvenes recibieron promesas de pago de hasta 300.000 pesos por sus actos, lo que les permitió disfrutar de una jornada de compras en el shopping, donde no temían por las consecuencias de sus actos. Esta dinámica establecía un ciclo de violencia que transformaba a Rosario en un escenario de terror constante, donde no solo los taxistas estaban en la mira, sino cualquier ciudadano podría ser la próxima víctima.
