Feria del Libro Infantil y Juvenil: Un abrazo literario
La historia de Pippi Mediaslargas
En Suecia durante el año 1941, en plena Segunda Guerra Mundial, una niña llamada Karin, de apenas 7 años, se encuentra enferma de pulmonía y le solicita a su madre que le cuente un relato. Entonces, su madre comienza a narrarle las peripecias de la niña más fuerte del mundo, a quien Karin llama con entusiasmo Pippi Mediaslargas (o Calzaslargas). Este personaje se vuelve emblemático en la literatura infantil a nivel global, siendo inicialmente interpretado como una voz libre en contra de la violencia y el autoritarismo.
La madre de Karin, Astrid Lindgren, es una autora que ha visto sus obras publicadas en más de 95 idiomas y cuyo nombre adorna uno de los premios más significativos de la literatura infantil, entregado en su país. Astrid sostenía que «una infancia sin libros no es infancia». En la actualidad, esta frase podría adaptarse a: «una infancia con libros brinda más herramientas para entender un mundo que cada vez ofrece menos tiempo para reflexionar».
Un evento relevante en un mundo digital
Hoy en día, cuando las pantallas compiten por cada instante de nuestra atención y los algoritmos determinan lo que vemos, incluso antes de que lo deseemos, la Feria del Libro Infantil y Juvenil se presenta como un acto de confianza, lejos de ser un simple recuerdo nostálgico.
Esta 34ª edición de la Feria regresa al Centro de Convenciones de la Ciudad de Buenos Aires, su hogar original, ofreciendo entrada gratuita. Con más de 70 stands, talleres, narraciones, teatro y música, la visita se transforma en algo más que solo una oportunidad para adquirir libros. Aunque la Feria ya ha comenzado, la inauguración oficial está a cargo de Isol, reciente ganadora del Astrid Lindgren Memorial.
El sonido de la curiosidad
Si uno se detiene a escuchar, en la Feria resuena un sonido particular. No se trata del ruido habitual de la ciudad ni del bullicio de las vacaciones de invierno, sino el asombro de un niño que encuentra un dinosaurio dibujado de manera nunca antes vista, o el silencio reflexivo de un adolescente que pasa páginas indeciso sobre qué libro llevar. Este murmullo es un claro indicador de curiosidad.
Reflexiones sobre la lectura
No se trata de oponer libros a pantallas, sino de darle espacio a la imaginación, de permitirse errar al elegir un libro y encontrar sorpresas inesperadas, de jugar con formas y texturas y de dialogar con quienes crean historias e ilustraciones. Hay una frase que parece desafiar la célebre afirmación de Astrid: «Leer no sirve para nada… y precisamente por eso sirve para tanto». Esta paradoja encierra una verdad incómoda: la lectura no siempre genera resultados inmediatos, no necesariamente mejora algoritmos ni acelera procesos, sino que amplía nuestro mundo interior, un aspecto crucial para que los demás beneficios se produzcan.
Cada niño que encuentra un libro para abrazar en la Feria recuerda algo que los adultos a menudo olvidan: leer no es solo leer. Astrid también expresó que la infancia sin libros «sería como quedarse en la puerta de un lugar encantado», destacando que ella deseaba escribir para ese público, un público capaz de «crear milagros».
