El Mundial como solución a la soledad: el impacto del fútbol en la desconexión urbana
El impacto del fútbol en la comunidad
Descendimos con rapidez las escaleras y salimos a la calle, recordando un momento inolvidable: una plaza repleta de gente en un pequeño pueblo, celebrando a finales de junio de 1978 la victoria de Argentina en el Mundial. Aunque el país vivía bajo una dictadura militar y las Madres de Plaza de Mayo clamaban por sus hijos desaparecidos, yo tenía solo 13 años, era alumno del Colegio Nacional de Punta Alta y había pegado la imagen de Mario Alberto Kempes en mi carpeta. A pesar de las preguntas que el tiempo trajo, aquel día salimos, festejamos, cantamos, nos llenamos de orgullo y sentimos el sabor de la victoria.
Este es el poder que tienen los mundiales: tanto ganar como perder es un fenómeno colectivo. Sentirse parte de una comunidad, de una experiencia superior que trasciende el ámbito deportivo, es una necesidad profunda. En una sociedad donde la soledad no elegida se ha vuelto casi epidémica, el fútbol aparece cada cuatro años para recordarnos que hay otros, como nosotros, estallando de júbilo con cada gol.
