Christopher Nolan: Un director que evita la diversión

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La controversia detrás de «La Odisea»

No cabe duda de que La Odisea, la nueva película de Christopher Nolan basada en el épico poema de Homero, ha generado un amplio debate en el mundo del cine. Se han publicado diversas notas que abarcan desde elogios hasta críticas, lo cual es significativo en un momento en que el futuro de las salas de cine es incierto. La capacidad de esta filmación para despertar curiosidad sobre el cine, la literatura o la mitología griega es notable. Sin embargo, el foco principal en la discusión rara vez se centra en Nolan, aunque su nombre aparece constantemente en diferentes contextos, ya sea aplaudiendo su técnica o cuestionando su capacidad para generar emoción.

Los enfoques sobre Nolan

Comentarios como «es un gran técnico que no sabe cómo generar emoción» o «es un genio que ha convertido un poema de 3000 años en un éxito de taquilla» se repiten a menudo en las reseñas. Es el momento de analizar el estilo y las intenciones de Nolan, que es considerado por muchos como una figura central en el Hollywood contemporáneo.

Un director ambicioso

Nolan se destaca por su ambición, reflejada en su tendencia a abordar temas y conceptos masivos en sus trabajos, como son:

  • Oppenheimer
  • Dunkerque
  • La Odisea
  • Interestelar

Sus películas suelen desafiarnos con métodos narrativos innovadores, como en Memento y Tenet, o reinterpretaciones de historias, evidentes en Insomnia y la aclamada trilogía de Batman. Hay dos características que destacan en su breves: por un lado, la primacía de la idea sobre la ejecución; por otro, una solemnidad palpable en cada una de sus producciones. Esta solemnidad se manifiesta incluso en universos fantásticos, presentados con un realismo casi sombrío.

La paradoja de la idea

A lo largo de sus películas, las «ideas» que explora pueden resultar contradictorias, generando inconsistencias y llenando el guion de complejas secuencias explicativas. Este fenómeno puede observarse en El Origen, donde cada paso del «gran golpe» implica la creación de nuevas reglas para que la narrativa tenga sentido. Asimismo, la utilización de montajes paralelos, que en El Origen ocupa alrededor de 40 minutos, en Interestelar supera la hora, y en Oppenheimer ocupa casi todo el relato, se vuelve una práctica común en su estilo.

Una falta de diversión

Si bien este estilo es inconfundible y característico de grandes artistas, se percibe que muchas veces sacrifica elementos esenciales en aras de mantener su método. La falta de improvisación y sutileza en los diálogos limita el diálogo con la audiencia. Sin embargo, esto no es exclusivo de Nolan, ya que Stanley Kubrick, una de sus más grandes influencias, también empleaba un método similar. La diferencia radica en que Kubrick nunca escatimó en humor, lo que se evidencia en películas como Dr. Insólito y La naranja mecánica, en las que el sarcasmo y la sátira suelen estar presente.

En el caso de Nolan, salvo en sus obras relacionadas con Batman y en El gran truco, donde sus ideas concuerdan con la trama original, suele evitar el humor. En esta falta de diversión, que Guillermo Cabrera Infante describió como «llevar por otro camino», se presenta una crítica hacia su forma de concebir el arte. Ir al cine debe ser un escape, ya sea de la rutina de la vida diaria o de las complicaciones del mundo moderno. Pero la sensación es que sus personajes son meros engranajes dentro de un diseño muy calculado, lo que puede distraer de la esencia del cine como un medio de disfrute. A menudo, son los actores, como Michael Caine, Morgan Freeman, Christian Bale, Hugh Jackman, Gary Oldman y Heath Ledger, quienes logran aportar humanidad a este engranaje, desplazando el foco de lo que, en esencia, puede ser un ejercicio excesivo de ingenio.

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