Christian Bassedas reflexiona sobre su trayectoria y el fútbol argentino

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Un vistazo multifacético al fútbol argentino

Christian Bassedas es un nombre que resuena en el ámbito del fútbol argentino gracias a su visión integral del deporte. Con una carrera prolífica como jugador, su paso como director deportivo y su rol como entrenador, Bassedas ha explorado todos los aspectos del juego. Tras una etapa en Chile, el exfutbolista ha regresado a su hogar, donde expresó: “Estoy pleno en el sentido de que estoy en casa. El futbolista inicia desde muy chico con mucha disciplina, pero cuando se termina la carrera tenés que buscar nuevos horizontes. No podés vivir mirando para atrás”.

Recuerdos de la gloria con Vélez

La historia de Bassedas está indisolublemente ligada al Vélez Sarsfield que conquistó el mundo bajo la dirección de Carlos Bianchi, especialmente con la emblemática victoria contra el Milan en Japón en 1994. Aquel equipo, según Bassedas, fue un ejemplo de unidad: “Aquel Vélez fue una etapa inolvidable que queda en nuestra memoria como un viaje de egresados. Cuando nos reencontramos con los muchachos, nos acordamos de las boludeces que hacíamos en el vestuario. Es una sensación difícil de poner en palabras: somos hermanos de distintas guerras. Nos conocemos muy profundamente; nuestros miedos, esfuerzos y familias”.

Al analizar lo que llevó al éxito a ese grupo, Bassedas subrayó la importancia del trabajo en equipo: “El líder verdaderamente fue el equipo. Bianchi y el profe Santella imponían un respeto absoluto; hacían de padres y psicólogos. Éramos pibes y la pasábamos bien, pero a la hora de trabajar, se trabajaba de verdad. Terminamos jugando la final del mundo con siete futbolistas surgidos de las inferiores del club”.

Una experiencia significativa en Inglaterra

En el año 2000, Bassedas se trasladó a Inglaterra para jugar en Newcastle, una etapa que lo transformó tanto profesional como culturalmente durante tres años. “Me encantó Newcastle, pero no pude asentarme del todo y empecé a extrañar. Sin embargo, me llamó mucho la atención el respeto absoluto que había. Nos dirigía Bobby Robson, un emblema total. Al equipo no le iba bien, y a mí me daba hasta vergüenza la situación, pero la gente y la prensa mantenían un trato sumamente amable. Eso en Argentina es impensado”, recordó el exjugador.

Bassedas también compartió anécdotas sobre las costumbres británicas que vivió: “Tomaban cerveza como nosotros tomamos agua. Al otro día iban a entrenar y se la bancaban perfecto. Cada tanto, después del almuerzo en el club, se iba directo a los bares y pasábamos toda la tarde ahí. A mí me gustaba mucho la Guinness; eran momentos de relajación muy placenteros”.

Sobre el ego en el vestuario y el liderazgo

Con su amplia experiencia en el fútbol argentino, Bassedas también reflexionó sobre la convivencia interna en un equipo. Usando la música como referencia, afirmó que “todos tenemos demasiado ego”. Sin embargo, advirtió sobre el ego destructivo: “El ego malo es el peor enemigo en un vestuario. Es el jugador que piensa que está por encima de la historia del club, del escudo y de sus compañeros”.

Destacó la importancia del buen liderazgo haciendo alusión a figuras como José Luis Chilavert: “Chilavert tenía un ego fuerte, pero lo demostraba constantemente a la hora de la verdad. Con hechos demostraba su personalidad y, además, en el vestuario era un excelente compañero que quería ganar. ¿Cómo no vas a aceptar eso?”.

El desafío de ser director técnico

Bassedas no dudó en señalar que ser director técnico es uno de los roles más complejos en el mundo del fútbol: “La etapa del jugador es la más placentera. Es lo que sabés hacer desde chiquito, te preparás para eso y te desplazás con libertad, más allá de las críticas”. Sin embargo, la experiencia en el banquillo es completamente diferente: “Ser DT fue lo más complicado y difícil de llevar. Te exige una obsesión total; no te permite distracciones, la cabeza te funciona a mil por hora las 24 horas. Y encima, si dirigís al club de tu amor como me tocó a mí con Vélez, la carga emocional multiplica la frustración por diez si las cosas no salen”.

Finalmente, al hablar sobre el miedo a la muerte, se mostró introspectivo: “Le tengo un diez de miedo. No me quiero morir, me gusta mucho vivir, estar cerca de mis hijos y acompañarme con mi mujer. Esperemos lo que dicte el destino, pero ojalá sea compartiendo una buena cerveza negra”, concluyó Bassedas.

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